en un partido intenso, con no demasiada calidad técnica, pero con mucha intensidad y emoción, el árbitro internacional polaco Pawel Gil estuvo mal, mal y mal disciplinariamente hablando. Digo tres veces mal porque perdonó hasta en tres ocasiones la segunda tarjeta amarilla al centrocampista ruso Tarasov, algo que no me gusta nada en un árbitro que está despegando como él.

Por el contrario, en líneas generales, sí estuvo correcto a la hora de dirigir el encuentro, pues su actuación fue neutral, hasta el punto de perdonar diversas amonestaciones a jugadores de uno y otro equipo. Dicho esto, también acertó al sacar la segunda tarjeta amarilla a Amorebieta, al que sus propios compañeros debieron haber avisado para que no cometiera tal acción. En cuanto a la ley de la ventaja, quiso aplicarla en tantas ocasiones que acabó equivocándose en algunas de ellas, como sucedió en el minuto 70, cuando dejó continuar una jugada en la que debió haber señalado falta a Muniain -con posterior amonestación para el jugador del Lokomotiv- y no dejar seguir la acción de De Marcos, que estaba en peor situación.

Ahora, una vez superada la eliminatoria, nos toca el Manchester, lo que me recuerda una conversación entre niño y aitite, en la que el primero le pregunta al segundo: "Aitite, vamos a jugar contra el Manchester. ¿Tú les has visto alguna vez en San Mamés?". Y el aitite le responde: "Sí, pero fue ya hace muchos años, en la Copa de Europa. El Athletic eliminó al Oporto y después al Honved húngaro, un grandísimo equipo. Luego llegó el Manchester y no pudo ser. En San Mamés, donde cayó una nevada impresionante, ganamos 5-3, pero en la vuelta, en Manchester, caímos 3-0. Fue una pena". Eso es historia, pero ahora, por suerte, vamos a poder revivir todo aquello. Ojalá podamos devolverles la moneda.