En un partido donde no hubo más que una jugada complicada todo discurrió por los cauces que un árbitro desea antes de pisar el terreno de juego. No hubo entradas peligrosas y la intención de los futbolistas fue siempre la de jugar el balón. En ese paisaje tan saludable, el arbitraje del catalán Estrada Fernández tuvo pequeños tintes anticaseros en la apreciación de algunas faltas durante la primera mitad en las que los jugadores del Athletic desplazaron el balón con cierta asiduidad.

No tuvo complicaciones Estrada y, sin embargo, cometió un error grave, muy grave. Fue en la segunda parte, en el minuto 62, cuando su asistente le hizo cometer un fallo tremendo al levantar el banderín señalando fuera de juego de Muniain, que, con la jugada invalidada, envió el balón a la red. Iker estaba, por mucho, en posición correcta. Habría supuesto el 0-3. Es un lunar importante en una semifinal de Copa.

Por lo demás, en líneas generales estuvo bien físicamente. Las siete tarjetas amarillas que mostró son todas merecidas y aplicó correctamente la ley de la ventaja cuando pudo, aunque en su buen hacer no le acompañaron los asistentes.

Por otro lado, más allá del partido de ayer en Anduva, son preocupantes las últimas actuaciones arbitrales en las que algunos colegiados han vulnerado el reglamento. Hay unos cuantos ejemplos: se han visto masajistas entrar en el campo sin estar el juego parado y salir sin ser sancionados; no es entendible no hacer un anexo de acta cuando alguien te espera en el parking y te llama "sinvergüenza"; tampoco lo es que un árbitro permita que le zarandeen durante una tangana y todo acabe sin que haya tarjetas por ese acto; en otros casos, no se ha llegado a descontar el tiempo necesario. Todos estos ejemplos se han dado estas últimas semanas y es importante que se corrijan porque perjudican al buen desarrollo del fútbol.