En un partido en el que apenas hubo jugadas conflictivas, salvo un posible penalti de Arribas por agarrón sobre Llorente en el minuto 73 y cuyo remate se fue al larguero, y un agarrón en el 89 de Iturraspe a Movilla al que soltó rápidamente al borde del área, el arbitraje de Paradas Romero fue estricto al reglamento. Aplicó en el primer acto las reglas de forma exhaustiva y en todo momento fue justo y equitativo en sus errores y aciertos.
Bien tácticamente y, sobre todo, físicamente, hacía tiempo que no veía colocar todas las barreras de un partido a la distancia reglamentaria, faceta en la que acertó el malagueño. Diría, buscándole algún pero, que tampoco hay que ser tan estricto en la aplicación del reglamento, porque el juego es de contacto y en algunos momentos no quiso aplicar la ventaja.
Me gustaría, por otra parte, detenerme en algunos aspectos. Hay días que es mejor no levantarse, y eso es lo que debió pensar Gorka Iraizoz tras el partido, aunque la defensa no le fue a la zaga. Otro aspecto en el que hay que hacer mención especial es en la afición del Athletic, que se citó en Vallecas en un número cercano a los 7.000 seguidores, con cánticos alusivos a la posible final de Copa que pueda disputar el conjunto rojiblanco.
No quisiera olvidar que cuando un árbitro, una vez hecho el acta, recibe palabras despectivas o se le espera en un parking para faltarle al respeto, tiene que hacerlo constar en un anexo del acta, que tiene la misma oficialidad que lo redactado previamente. Y a esas personas se las debe sancionar si así ocurrió en el Barça-Real Madrid.