TUVO suerte José Antonio Teixeira Vitienes, el menor de los hermanos cántabros que arbitran en la Liga BBVA. Y digo que estuvo afortunado porque le tocó dirigir un partido en el que no hubo nada de nada que arbitrar. Fue un encuentro de puro trámite para el titular del silbato que se pudo tomar la cita de San Mamés como un entrenamiento para ver cómo funcionaban sus asistentes a la hora de señalar los fueras de juego.

En un encuentro sin apenas una jugada conflictiva solo cabe destacar la que precedió al gol de Ander Herrera. Fue a la salida de un córner botado por el Oviedo. El balón fue hacia la portería de Iraizoz que salió a por él. En su salto tocó al delantero ovetense que, al notar el contacto con el guardameta rojiblanco, se dejó caer al suelo para reclamar un penalti que, a mi entender, no existió.

Y como del partido apenas hay nada más que resaltar, si quiero dejar aclaro aquí que el estamento arbitral ha mostrado su acuerdo con las palabras expresadas por Marcelo Bielsa el pasado sábado, después de que el colegiado Pérez Montero expulsara a Javi Martínez. "Yo no sé si el árbitro acertó o no", dijo el de Rosario antes de añadir que "tuvo coherencia porque interpretó la jugada como penalti cometido por un defensa que neutralizó una jugada que tenía peligro de gol. El árbitro, como todos los que participamos en el partido, puede equivocarse o no y hay que amoldarse a esa circunstancia". Si desde que llegó al banquillo del Athletic, Bielsa era un hombre respetado por los colegiados, a partir de esa declaración su estima ha subido en ese colectivo.

Un estamento que ha mantenido una reunión para fijar las normas de actuación tras el parón navideño. A partir de ahora se exigirá ser más enérgico a la hora de cortar el juego duro, las tanganas, las protestas y las entradas por detrás para proteger el espectáculo.