eL debut de Pérez Montero en San Mamés no pudo ser más desacertado, no solo por el penalti, que no fue, y que supuso la expulsión de Javi Martínez a los 22 minutos. Si se hubiera fijado, habría visto que el balón sale lateralmente, lo que demuestra su bisoñez en la máxima categoría. No mostró después, a los 32 minutos, la segunda amarilla a Ponzio, que habría supuesto su expulsión, y sí lo hizo con Lanzaro a los 69 minutos, que fue excesiva ya que el balón le da primero con la pierna y le rebota en la mano, dando sensación de poca personalidad.

No estuvo bien en el apartado disciplinario. Mientras había un equipo que quería jugar, el Athletic, el Zaragoza se dedicó a hacer continuas faltas para romper el ritmo del partido con el beneplácito del andaluz, que sí acertó en casi todos los fueras de juego, salvo en el que anuló el tanto a Óscar de Marcos a los 73 minutos, ya que el rojiblanco se encontraba en posición correcta. Lo único aceptable de su arbitraje correspondió a su aplicación de la ley de la ventaja en algunas ocasiones. Por lo demás, su actuación fue determinante y desacertada.

Estamos en un mundo donde la tecnología más avanzada es imprescindible en todos los aspectos, menos en el fútbol por culpa de unos sesudos señores de la International Board. ¿Tan difícil es poner unos sensores en la línea de meta para saber si el balón entra del todo? ¿Tan difícil es tener un monitor en la grada con un árbitro auxiliar conectado con el colegiado para advertirle de un error tan crucial en la suerte de un encuentro? Lamentable.