SI algo se puede decir del colegiado estonio Hannes Kaasik, que ayer dirigió el encuentro de San Mamés, es que es un árbitro que sigue a rajatabla las normas que dicta la UEFA. Arbitra con personalidad, controla el partido y se contiene a la hora de sacar tarjetas durante el primer tiempo. Sigue el dictado de Nyon al dedillo.

La verdad es que ni los jugadores del Athletic ni los del Slovan le complicaron la vida. Sin embargo, Kaasik mostró demasiadas tarjetas en el segundo periodo. También habría que apuntarle en su debe que no quiso saber nada de lo que sucedía en el área del equipo eslovaco. Y si en la primera mitad, un agarrón a Fernando Llorente dentro del área vino precedido por un fuera de juego del delantero internacional, nada más comenzar la segunda mitad Had también trabó a Gaizka Toquero en lo que fue un penalti claro que se fue al limbo eslovaco.

Menos afortunado estuvo el asistente que corrió la banda de la Tribuna Principal, a quien su error, al anular por fuera de juego un gol a Ander Herrera, le costará no volver a aparecer en competición continental. Porque la UEFA tampoco perdona esas cosas y comunicará a la federación estonia que lo mejor será prescindir de sus servicios.

En el resto de las decisiones Kaasik cumplió con lo esperado. Tanto en jugadas en las que los jugadores trataron de engañarle, como una caída de Iker Muniain tras sentir el contacto de Had dentro del área en el minuto 24, o en otras en las que sí hubo intencionalidad, como una dura falta de Halenar sobre Muniain cuando la primera mitad enfilaba sus últimos minutos.

Y ya que estamos clasificados para los dieciseisavos de final habrá que animar a la grada de San Mamés a que amplíe el repertorio de canciones, para que también nos conozcan por nuestra originalidad en ese aspecto. Porque el juego del Athletic ya lo conocen y nadie nos quiere de rival tras haber visto las exhibiciones ante Barcelona y Sevilla.