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Un arbitraje para cumplir

UNDIANO Mallenco firmó una noche en San Mamés sin muchos problemas en su actuación y tampoco los quiso buscar a lo largo de los noventa minutos. Estuvo encima de las jugadas, controló en todo momento el juego y la dirección del mismo, aunque en algún instante se guardó alguna tarjeta para cada equipo. Fue un arbitraje para cumplir.

En cuanto a las acciones con cierta polémica, acertó prácticamente en todas. A los 32 minutos, Nyom hizo una fea entrada a Aurtenetxe que le costó la amarilla. Muniain le dio un empujón y el francés se dejó caer. Undiano ejerció de padre de Iker. En el 39, existe fuera de juego de Llorente, mientras que en el 53 no hay mano de Siqueira dentro de su área, ya que el balón impacta en su muslo y no en la mano.

Un minuto después, se piden manos de Yebda, que ya tenía una amarilla, pero tiene el brazo pegado cuando le rebota el esférico. En el 69, se anula una jugada de peligro del Athletic porque Muniain toca el balón con la mano. En el 72, no hay falta a Amorebieta en el área visitante, porque este mete la cabeza después de que hubiera despejado el defensa granadino. En el 81, no hay penalti sobre Muniain, porque el navarro pisa el balón y se desequilibra.

Creo que Muniain debe tener cuidado con esos pequeños arrebatos que tiene, ya que el reglamento dice textualmente que despreocuparse del balón e ir donde un contrario empujándole con las dos manos y derribarle está tipificado como agresión. El colegiado consideró que Nyom se había tirado y lo apreció como un empujón por parte de un chico muy joven. Le perdonó hasta la amarilla.

En otra jugada polémica, creo que cuando Fernando Amorebieta vea las imágenes por televisión se dará cuenta que el jugador del Granada no llegó a tocarle en su despeje. El rojiblanco buscó una sanción y le echó el teatro correspondiente, que no le favorecía en ningún sentido y que a la vez le pudo costar otra tarjeta.

Sabemos que hay partidos en los que no salen las cosas y donde uno no tiene su día. Así y todo, hay que procurar guardar la compostura, ya que lo único que se consigue con un resultado adverso es perjudicar al propio equipo.