eL arbitraje del búlgaro Stanislav Todorov en la primera parte fue muy correcto y equilibrado en la aplicación el reglamento, sin dejarse influenciar por las protestas de jugadores y público. Sacó dos tarjetas en el arranque a dos jugadores del Salzburgo, dando sensación de personalidad.

Sin embargo, en el segundo acto nos demostró que es un árbitro vulgar y de poco nivel, visto su forma de llevar el partido y de ajustar al reglamento de FIFA en los encuentros internacionales. No tuvo criterio a la hora de decidir la mayoría de las cartulinas en un choque nada brusco y en el que enseñó hasta nueve amarillas.

Si hubiese seguido ese criterio durante los noventa minutos, tendría que haber mostrado la segunda amarilla, y por tanto la roja, a Maierhofer y Schiemer, por parte del conjunto austriaco; y a Ander Iturraspe, por los rojiblancos, pero no se atrevió.

Las faltas las sancionó repartiendo errores a los dos equipos por igual y no fue ni valiente cuando en el minuto 76 de juego Pasanen, defensa del Salzburgo, agarró con las dos manos de los hombros de Fernando Llorente tirando de él hacia atrás sin soltarle y delante de las mismas narices del árbitro, que lamentablemente no lo señaló. Se trató del penalti más claro que le han hecho al goleador del Athletic en los últimos tiempos, lo que demuestra su poca personalidad cuando nos engañó a lo largo del primer tiempo.

En resumen, el búlgaro no será un colegiado que veamos mucho en competición europea. El Athletic no salió favorecido del Red Bull Arena, sino todo lo contrario, aunque ello no oculta que el equipo de Marcelo Bielsa no tuvo la coordinación de otros muchos encuentros en el terreno de juego. Queda por ver qué nos deparan las dos jornadas que restan de esta fase de grupos, aunque confiamos en que apenas se den polémicas una vez que el Athletic ya está clasificado a dieciseisavos.