ME alegro por mi Athletic, pero como exárbitro internacional siento vergüenza por el arbitraje del señor Ivan Bebek. Un colegiado debe dirigir un partido con personalidad y neutralidad, algo de lo que careció el croata durante todo el encuentro. El arbitraje de la primera mitad es de los que todo el mundo del silbato quisieran tener, placentero y sin ningún tipo de contratiempos.

En la segunda parte todo cambió, hasta convertirse en el peor árbitro que he visto en mi vida en un partido internacional. Se puede pasar que sea un poco casero, pero un árbitro sin personalidad, castigando demasiado a los austríacos es algo que no se puede tolerar; lo de ayer fue una vergüenza. El árbitro estuvo horroroso en las áreas y desastroso en general.

Para mí hubo dos acciones que fueron clave. La primera, en el minuto 67, cuando Sekagya se para antes de chocar con Ander Herrera y este le busca el cuerpo y se deja caer. No es penalti de ninguna manera, aunque sí lo señala. La otra jugada controvertida es la del segundo penalti, en el minuto 75. A la salida de un córner, Amorebieta empuja a Lindgren que, en su caída, despeja el balón con las dos manos y el árbitro concede penalti. Lo que debería haber hecho sería amonestar al central rojiblanco o cuando menos señalar falta. Fue totalmente injusto.

No se puede consentir que un árbitro se saque de la manga y, además, estando encima de las dos jugadas, dos penaltis inexistentes. Si esto nos lo hacen a nosotros, ¿cuánto tiempo estaríamos hablando de ello o de quién nos acordaríamos? La gente que ha estado en San Mamés viendo el partido lo que debería de haber hecho sería despedir al árbitro con pañuelos y una sonora pitada. Para nada quiero un árbitro así para nuestro Athletic cuando juguemos fuera de casa. La actitud del colegiado fue totalmente desproporcionada e injusta para el Red Bull Salzburgo.