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Buen inicio, peor final

eSTRADA Fernández tuvo la desgracia de empañar en la recta final lo que gestó como un buen arbitraje. El catalán arrancó interpretando el derbi de la mejor manera, permitiendo el juego fuerte y sacando las tarjetas a los futbolistas de uno y otro equipo cuando debía. Acertó sobre todo en el 2-0, cuando Roversio cometió penalti al tocar el balón con las manos y esperó a ver cómo acababa la jugada, con un gol de Gabilondo que sirvió para obviar la pena máxima.

Ya en la segunda parte se comió una amarilla de Lolo y fue riguroso en la expulsión de Lama. Primero le amonestó por recriminarle algo y luego por un golpe a Muniain en su parietal que tampoco fue para tanto. En un duelo de rivalidad de estas características siempre hay roces y podía haber pasado por alto esta acción. Se equivocó además en la jugada que propició que Osasuna marcara el gol del honor: Nekounam agarró a Javi Martínez, este se trastabilló y cayó al suelo, pero en ningún caso toco el esférico con su mano.

Por otra parte, es de agradecer el comportamiento que tuvo Fernando Llorente. El delantero internacional no cayó en las trampas y en las provocaciones de Lama. Es más, supo responder como un caballero, permitiéndose el lujo incluso de sonreírle cuando le trataban de buscar las cosquillas con semejantes desplantes. Es algo que ha sabido manejar con el paso del tiempo. Y por ese camino debe marchar también su compañero Iker Muniain. Tiene que aprender que en un derbi así no debe prolongar su permanencia en el suelo si es golpeado o derribado porque no gana nada y solo puede alterar más el entorno.

Tras una actuación arbitral que no condicionó el resultado porque los errores llegaron con todo decidido, solo cabe esperar a que el jueves salgamos de San Mamés con la misma sonrisa dibujada en el rostro, con una victoria ante el Salzburgo. Enderezado el rumbo liguero, hay que atar el europeo.