EL árbitro internacional de Almería supo interpretar muy bien lo que es un derbi y autorizó más un juego de contacto que señalar faltas de forma continua. Sin embargo, fue determinante en los alrededores de las áreas y dentro de estas a la hora de ser valiente. Algo que lo hizo bastante mal, lo que no se puede admitir en un árbitro del nivel de Fernández Borbalán.
A los 18 minutos, es involuntario el codazo que sufre Óscar de Marcos en la nariz. En el 34, hay un agarrón de Iñigo Martínez a Fernando Llorente en el borde del área realista, que no se señalizó, y seguidamente Amorebieta zancadillea a Agirretxe en el exterior del área rojiblanca, acción que tampoco penaliza el colegiado.
En cuanto a las jugadas más polémicas, en el 54 Javi Martínez pone el brazo en el costado de Iñigo Martínez y luego parece que le toca con el otro brazo, pero puede ser posible penalti del rojiblanco. Un minuto después hay una mano clarísima de Gurpegi dentro del área, que es penalti no señalado. En el 74, el balón le da a Gurpegi en la mano pegada al pecho, por lo que la amonestación es incorrecta, mientras que en el 90 Iñigo Martínez empieza a agarrar a Llorente fuera del área y acaba dentro de la misma, por lo que bien pudo pitar un penalti que obvió. Quiero destacar también que se vio a un Griezmann excesivamente acelerado en las entradas que realizó.
Por otra parte, Amorebieta se jugó la segunda amarilla en un arriesgado saque de puerta de Iraizoz que el central tocó dentro del área. Pudo costarle la expulsión si el árbitro hubiera interpretado una pérdida de tiempo, pero afortunadamente el andaluz no quiso saber nada.
Por último, nadie me ha felicitado cuando tras el partido ante el PSG apunté que Llorente se había guardado los goles para el derbi ante el San Sebastián, que ya me entienden. Lo dice uno del Athletic y no del Bilbao, como decía mucha gente ayer en Anoeta.