El árbitro holandés Bas Nijhuis no quiso complicarse la vida en el encuentro de ayer entre el Athletic y el Paris Saint-Germain en San Mamés. El arbitraje fue encaminado en todo momento a dejar jugar, permitiendo mucho contacto por una y otra parte durante los noventa minutos del partido.

En su actuación, tan solo se pueden destacar dos lunares importantes. El primero de ellos, en el minuto 10, un agarrón del central uruguayo Lugano sobre Llorente dentro del área; y el segundo, la tarjeta amarilla a Iraizoz en el minuto 28. La acción cogió de espaldas al árbitro, que sancionó la entrada con los pies del meta rojiblanco, cuando en realidad, lo que Iraizoz hizo fue meter la mano cuando vio que no llegaba al balón, por lo que la jugada pudo ser claramente sancionada con tarjeta roja.

A partir de ahí, Lugano siguió haciendo de todo a Fernando Llorente, llevando a cabo un marcaje muy argentino que el colegiado permitió en todo momento, mientras que entre el resto de decisiones cabe destacar que mostró un total de ocho tarjetas amarillas: cinco a los jugadores del Paris Saint-Germain -incluidas las dos tarjetas a Sissokó, que fue justamente expulsado- y tres a los del Athletic, incluida la que vio Iker Muniain, de manera injusta, por un simple empujón que nunca debió ser merecedora de sanción. Más aún teniendo en cuenta la línea del arbitraje de ayer.

Sobre el partido completado por los rojiblancos, creo que se vio, en muchas fases del encuentro, al Athletic que quiere Bielsa. Un juego combinativo hasta el área, pero empleando una variante más vertical y atacando más por las bandas en busca de Llorente. Como decía un sabio compañero mío, bonito hasta el área y luego a centrar buscando la efectividad del delantero. Llorente no está viendo puerta últimamente, pero seguro que guarda los goles para el derbi de Anoeta, y así todos podamos disfrutar el domingo con un necesitado triunfo.