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Fernández Borbalán supo entender la dinámica de un derbi

Cometió, a mi entender, un error grave: no haber sancionado con penalti un agarrón insistente y descarado de Ansotegi sobre Fernando Llorente dentro del área de la Real Sociedad sobre el minuto 11 del partido, cuando el marcador todavía reflejaba el empate inicial.

Por lo demás, el colegiado andaluz Fernández Borbalán realizó en líneas generales un arbitraje correcto, sabiendo entender la intensidad con la que se vive el derbi vasco y no dejándose engañar por caídas sin sentido y acciones de teatro de algunos futbolistas.

De las siete tarjetas amarillas que sacó, la que enseñó a Aranburu en una acción cometida sobre Javi Martínez fue injusta porque, a mi entender, tocó antes el balón.

Las otras seis las pidieron los propios jugadores. Tamudo, por protestar; Orbaiz, por una zancadilla intencionada; San José, por una falta intempestiva; Toquero, por pérdida intencionada de tiempo; como a De Marcos; a David López, por otro agarrón; y a Fernando Amorebieta, por realizar una entrada, digamos, fuera de lugar.

En un partido que para mí fue de patio de colegio, dada la escasa calidad del juego, aunque como en todo derbi disputado con intensidad, quiero dar un consejo al portero del Athletic, el joven y prometedor Raúl: es mejor que si le da un tirón muscular luego, al final del partido, no salte de alegría, pues o bien resulta poco creíble el percance físico que tuvo, o a lo mejor es que se le curó todo con el sabor de la victoria y el buen debut que realizó como portero del Athletic.

La apariencia es que fingió el tirón, y eso de querer engañar a los árbitros le puede costar un disgusto tarde o temprano.

Al señor Caparrós también le quiero dar otro consejo: cuando un partido es televisado en abierto y lo ve todo el mundo que no pida de forma descarada a uno de sus jugadores, y no quiero decir el nombre, que provoque una tarjeta. Porque los árbitros le toman la matrícula.

Caparrós sabe de sobra que hay otras formas, más fáciles y discretas, de conseguir lo mismo, como llamar a uno de sus jugadores junto a la banda y transmitirle la orden.

Una curiosidad a destacar en lo que fue un derbi disputado con intensidad y alto ritmo. Los jugadores del Athletic no incurrieron ni una sola vez en fuera de juego.