Mal arbitraje del catalán Estrada. Mal disciplinariamente. Mal en la apreciación de las faltas. Y mal, sobre todo, porque no quiso saber nada en la disputa de los balones por alto, donde casi siempre juzgó en contra del Athletic, al que también perjudicó de manera notable en las jugadas de ventaja.

Estuvo mal Estrada, que dejó hacer al Villarreal todo lo que quiso y, sin embargo, fue tremendamente exigente con el Athletic. La permisividad con el conjunto castellonense provocó que cosieran a empujones y patadas a Llorente dentro y fuera del área sin que ninguno de los rivales fuera sancionado. Y, por contra, cualquier pequeño desplazamiento del delantero era rápidamente señalado por el catalán. Eso es algo que le suele ocurrir a Llorente, pero lo de ayer fue descarado.

Esa tendencia se refleja en dos ejemplos claros. En el minuto 44, al ariete rojiblanco le agarraron de manera evidente y en lugar de sacar tarjeta, el colegiado no vio ni siquiera falta y señaló saque de banda. También se pasó por alto un penalti en el 52, cuando obstaculizaron con el pie su avance y cayó dentro del área. En el 73, Llorente sufrió un empujón antes de rematar a puerta.

Lo único bueno del arbitraje fueron los asistentes, que estuvieron acertados, por ejemplo, en el fuera de juego claro del delantero en el minuto 15 y en el de Muniain en el 18.

Una aclaración: cuando tras un choque fortuito un jugador sangra, debe abandonar el terreno de juego, aunque se levante por su propio pie. Por eso, estuvo bien Estrada al pedir a Llorente que se retirase a la banda.