El arbitraje de Muñiz Fernández durante un encuentro muy disputado en San Mamés solo puede calificarse de desacertado y desigual. Cometió errores importantes, aunque dudo de que los cometiese, como reclamaban los jugadores del Valencia, en sendos posibles penaltis en el área rojiblanca. El primero, mediada la primera mitad, cuando al salir a buscar un balón Iraizoz trató de imponer su cuerpo y tocó el pie de Soldado. Dudé en el campo de si el lance era sancionable y tendré que verlo repetido en televisión, lo que es reflejo de la complejidad de la acción. Del otro penalti que pedían los valencianistas al borde del descanso no tuve, ni tengo, duda: la mano de Ekiza cuando cae después de tratar de despejar el balón es involuntaria.
Acertó el colegiado en varias jugadas: la ventaja que concedió en el clamoroso agarrón de Navarro a Llorente que supone en gol bilbaino; la cesión de Bruno con el hombro, y no con la mano, en el minuto 37; la amarilla a Muniain en el 62 por protestar un saque de banda; el gol anulado a Susaeta por claro fuera de juego en el 74; o las amarillas a Llorente y De Marcos poco después. Pero cuando se equivocó, lo hizo de manera calamitosa. Erró, por ejemplo, en un lance tan trascendental como el que nada más comenzar la segunda parte protagonizaron Navarro y Llorente. Ambos saltaron a por un balón aéreo y el valencianista utilizó el codo para neutralizar al delantero rojiblanco. Fue una agresión tan clara y contundente que mereció la expulsión, la roja directa. De ello se dio cuenta Navarro tan rápido que le dio tiempo a simular que había sido un encontronazo, que estaba mareado. No era cierto. Se pudo comprobar inmediatamente porque nada más ser sacado en camilla fuera del campo se levantó y pidió regresar.
Rescato del partido una advertencia para Toquero. Debe tener más cuidado en algunas entradas cuando corre impetuoso y trata de recuperar un balón que controla el rival. Ayer hubo, al menos, dos que fueron peligrosas para la integridad del oponente. Y peligrosas también para su equipo, que pudo quedarse en desventaja. Muñiz Fernández le perdonó la tarjeta en ambas ocasiones.