en un partido muy competido Ramírez Domínguez supo mantenerse a un buen nivel. Su arbitraje fue valiente. Señaló el penalti de Busquets a Llorente y no se dejó engañar por las continuas caídas de los jugadores del Barcelona en el área bilbaina. Sin embargo, sacó demasiadas tarjetas en un partido viril y noble.

Estuvo bien, en líneas generales, Ramírez Domínguez, pero no le acompañó el juez de línea de tribuna, que falló en dos ocasiones importantes: al no señalar el fuera de juego de Alves en el primer gol del Barcelona -el brasileño asistió luego a Villa para que este marcara- y sí hacerlo después, en el minuto 56, cuando Toquero se marchaba solo hacia la portería barcelonista tras arrancar en posición correcta.

Los diez primeros minutos fueron complicados para el árbitro, que se encontró con una jugada polémica en el minuto 3, la del gol de Villa y el posible fuera de juego de Alves, y acto seguido no supo interpretar la intencionalidad de Busquets en un choque con Javi Martínez en el que el catalán tuvo que ser amonestado. También pudo pitar penalti y no lo hizo en el minuto 12 por un leve empujón de Gurpegi a Messi.

Su primer gran acierto fue la amarilla a Koikili en el 23 por una entrada con los dos pies por delante, aunque ocho minutos después se pudo ahorrar la cartulina a Iraola por otra entrada a Iniesta.

En el 48 llegó el penalti. Busquets tocó el pie izquierdo de Llorente y este cayó dentro del área. Era claro. Y Ramírez Domínguez tuvo valor al pitarlo. Más aún teniendo en cuenta que en la primera parte no señaló nada en una jugada en la que Koikili empujó a un rival y le tocó el pie izquierdo dentro del área.

En el 49, el agarrón de Piqué a Toquero no mereció la roja porque no era una ocasión manifiesta de gol. Luego llegó el fuera de juego del gasteiztarra, que no fue. Y un posible penalti de Javi Martínez a Messi en el 58 que el árbitro no señaló.