Me acuerdo del penalti de Sevilla
ME acuerdo del penalti del Sánchez Pizjuán. Sí, aquel que pitó Clos Gómez en el minuto 80 cuando el Athletic había transformado un 3-0 en un 3-2 y parecía dispuesto a remontar al Sevilla. Y me acuerdo porque ayer Ayza Gámez no señaló una clarísima infracción de Iraizoz, ya en el descuento, cuando empujó dentro del área a Verdú mientras ambos esperaban que el balón cayera del cielo. Fue un penalti de libro, impropio de un veterano como el guardameta rojiblanco.
Y es que el colegiado valenciano mostró una extraordinaria condición física y repartió errores de escasa consideración hacia uno y otro bando, hasta que en la segunda mitad, a partir del minuto 65, tiñó su actuación con tintes caseros.
Por esa razón, tampoco es de recibo que cuando un equipo demuestra durante sesenta minutos de un partido que no es su día, no puede echar la culpa de cada uno de sus errores al árbitro. Y es que los jugadores del Athletic perdieron los nervios en más de una ocasión y contagiaron su enfado al público de San Mamés. Después, cuando cambió el panorama y actuación de Ayza Gámez, la actitud fue otra. Pero si en el último segundo el colegiado valenciano no señaló el penalti final, no se puede calificar su actuación como buena.
En cuanto a la próxima eliminatoria de Copa frente al Barcelona, me mojo desde aquí y desde ahora porque Mateu Lahoz completará un buen partido en el Camp Nou. Es uno de los mejores este curso en puntuación y es de los que deja jugar, incluso demasiado, sin ponerse nervioso cuando el partido está caliente. Fue el que expulsó en San Mamés a Amorebieta, tras su entrada a Iniesta, porque interpretó que el de Iurreta había hecho "uso de fuerza excesiva, descontrolada y con contacto". Pero una interpretación no define a un árbitro, sino su actuación a lo largo de los noventa minutos de un partido.
Y un último apunte. Estoy de acuerdo con Fernando García Macua porque también me fastidió perder el derbi con los de Donostia.