NO puedo ocultar que estoy francamente decepcionado por la derrota que ha encajado el Athletic en el retorno de los derbis con la Real Sociedad. Así que no me duelen prendas en catalogar a Ramírez Domínguez, el andaluz encargado de dirigir el encuentro de Anoeta, como el mejor de la noche donostiarra. Y eso que quizás no fuera el partido más adecuado para su forma de entender el fútbol. Sin embargo, supo dejar jugar, aplicar la ley de la ventaja y permitir los choques con nobleza. Lo típico de un derbi.

Por lo demás, el colegiado rayó la perfección a lo largo de los noventa minutos de juego. Fue el asistente quien le señaló la clara mano que cometió Mikel San José dentro del área y que dio lugar al penalti que abrió el marcador.

En la segunda mitad, no pudo ver el claro agarrón que sufrió Fernando Llorente por parte de Mikel González, ya que estaba en la parte opuesta. Ese fue su único lunar de la noche, aunque habría que echar las culpas a su asistente que no se lo señaló cuando lo tuvo que ver con claridad.

Por otro lado, ayer volvimos a vivir la repetición de un de penalti porque el lanzador realiza una paradinha justo antes de golpear el balón. La nueva norma que la International Board y la FIFA han introducido este año especifica que "en carrera se puede fintar y parar, pero no en el momento de patear", que es lo que hizo Xabi Prieto. Esa infracción conlleva una amonestación, como hizo Ramírez Domínguez con el donostiarra, pero el realista tenía derecho a repetir su lanzamiento porque había batido a Iraizoz. En caso de no marcar y cometer infracción es cuando se realiza un saque de puerta.

Por otro lado, quiero lanzar un mensaje de solidaridad con el más de medio centenar de aficionados rojiblancos de Valdepeñas que se desplazaron desde la localidad manchega hasta Donostia y que solo pudieron seguir el partido por televisión. ¡Eso es amor a unos colores!