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Jueces

La toga está de moda: declaraciones, investigaciones, imputaciones, autos, sentencias, recursos, etc., se han convertido en términos cotidianos para el ciudadano de a pie, lego en derecho. Tratamos a los jueces como a los árbitros de fútbol; si sus decisiones y sentencias favorecen a nuestro equipo, asentimos con placer, mas, si van en su contra, nos acordamos de su árbol genealógico y les mostramos una tarjeta roja. No debemos temer a los jueces, sino a las consecuencias si quebrantamos la ley o aparecen serios indicios que así lo sugieren. El refranero nos recuerda que ‘el juez debe tener una oreja para el demandante, y la otra para la otra parte’ y así lo hacen; los togados deben trabajar sin presiones, coacciones o amenazas para poder desempeñar una tarea tan difícil como es juzgar y dictar una sentencia, ya que absolver a un culpable o condenar a un inocente suponen su propia condenación. No nos convirtamos en abogados de sequero o secano, opinando de lo que no sabemos y tratando de sentar cátedra; no olvidemos la famosa máxima: Dura lex sed lex.