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Mandar, matar, magrear

El poder tiende a corromper. El poder absoluto corrompe absolutamente. Por ejemplo: El presidente de Estados Unidos, Trump, ha amenazado con controlar Groenlandia, “por las buenas o las malas”, y ha puesto en duda que Copenhague tenga algún derecho territorial “solo porque uno de sus barcos atracara allí hace 500 años”. Después de fracasar con su Nobel de la Paz, su segura servidora, Corina Machado, le ha regalado una copia del suyo, por verlo desentumecido, pero claro, no es lo mismo… Intenta con su pataleo, quebrar la banquisa de hielo bajo los pies de los groenlandeses, ¡y se queda tan frío…! Ya se sabe que contra los omnipotentes no existen leyes ni ética alguna: Maduro, Noriega y otros (los que aún siguen vivos) lo explicarían mejor... La mujer asesinada a tiros por un agente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas en Minnesota, no puede... Julio Iglesias: Otra historia de poder, ¡qué cruz! Tras las denuncias de Laura y Rebeca por múltiples y distintas formas de violencia -sexual, psicológica, física y económica- por parte del patrón don Julio, mientras trabajaban en sus propiedades de República Dominicana y Bahamas, le siguen clarísimas secuencias televisivas en ese sentido. Ayuso, Ana Obregón o Ramón Arcusa, ya se han pronunciado a favor del cantante, de una u otra manera. “Las mujeres violadas y atacadas están en Irán, con el silencio cómplice de la ultraizquierda” (Ayuso). “No pienso retirarle la distinción de Hijo Predilecto de Madrid a Julio Iglesias: ¿Por qué vamos a hacerlo?” (Almeida). Pues eso… Nada nuevo bajo la camisa vieja… ¡Hey!