Los buenos profesores de Secundaria son fundamentales para la educación, aunque muchas veces se les reconozca poco. No se limitan a impartir contenidos: enseñan a pensar, a organizarse, a tomar decisiones y a enfrentarse a errores sin miedo. Son guía y apoyo en una etapa crítica, cuando los adolescentes forman su personalidad, sus hábitos y su curiosidad por el mundo. Un buen docente puede marcar la diferencia entre el abandono escolar y la motivación por aprender, entre la apatía y el entusiasmo intelectual. Sin embargo, se les exige rendimiento inmediato, adaptarse a reformas constantes y manejar aulas complejas, muchas veces sin apoyo suficiente. Si realmente nos importa el futuro de la sociedad, deberíamos empezar por valorar, cuidar y formar adecuadamente a quienes tienen la responsabilidad de educarlo. Invertir en buenos profesores no es un gasto, es la base de cualquier progreso duradero.