Deporte y Vida
El deporte sin humanidad es puro negocio. No debe de ser ajeno a lo que está pasando en el mundo.
Vivimos en una sociedad cada vez más polarizada ante demasiadas atrocidades, guerras que se están dando. Y, precisamente, cuando las personas se movilizan dependiendo de dónde lo hagan, y el motivo que les mueva, incomoda.
Se les está tachando en redes sociales de violentos, de marginales, de etarras, de rojos, de perroflautas...
De esta manera, se le está otorgando un sentido vandálico, descalificante, cuando lo primordial sería centrarse en la matanza a la que están siendo sometidos seres humanos. Esto es lo lacerante.
Israel ordena la evacuación de toda la ciudad de Gaza
Estamos ante una masacre que nos debería avergonzar a todos al margen de las ideas políticas que se tengan o se dejen de tener. Mientras los ciclistas corren, niños y niñas, adultos mueren bombardeados, les están matando de hambre. Una generación entera está siendo asesinada. Se dice pronto.
No es una cuestión de ser de derechas o de izquierdas para plantar cara de la manera que cada uno mejor pueda y decir basta. ¿Por qué esta protesta se está deseando ideologizar?
Los hechos son los que son. Se está exterminando a un pueblo. No hay ideología que valga.
Un equipo financiado por un amigo íntimo de Netanyahu y usado como instrumento para blanquear el genocidio que Israel está perpetrando es una obscenidad que se le haya permitido competir.
¿Acaso los organizadores no veían venir la repulsa que iba a suscitar un equipo ciclista representante de un Estado genocida? Es una indecencia que el poder del dinero sionista pueda seguir marcando las reglas también en el deporte.