Precipitación es, en meteorología, que llueva, y en química crear sólido a partir de disolución líquida. Dicho esto y conocido el chaparrón “plus ultra” por un auto judicial que más se parece a un informe policial, y la policía tiene tendencia a precipitarse y fantasear con los datos, creo que mucha gente también se precipitó a marcar posición ante el tema.
Lo mismo que algunos fueron prudentes y, como mucho, exigieron explicaciones y esperar a aclarar el asunto, los más se precipitaron como tormenta que embarra, o bien para generar un ambiente lawfare de nueva invasión del poder judicial contra la izquierda, o bien para señalar que todo el socialismo está podrido. Los primeros, una vez leído el auto judicial frenaron y soplaron viento para intentar secar lo que habían inundado, los otros precipitaron en plomo pesado sobre toda la sociedad, señalando cada día a más gente como corrupta y, lo que es peor, condenándola.
Aun pareciendo que todos, precipitadamente o no, se han mojado, hay quienes, ante el chaparrón levantado por la posible corruptela del bueno por excelencia, del honrado de platino e iridio, permaneces silentes. La gente de Bildu, que cuando un concejal del PNV se echa un cuesco en un pleno montan cinco manifestaciones en la plaza, enmudecen ante la sospecha del fraude Zapateril. Lo único que ha acertado a decir el conducator Otegi es su convencimiento de que es una operación política e incluso que gente de USA está involucrada en el asunto, pues la demanda contra Zapatero surgió de allá, al tiempo de negar nuevas elecciones al poder vencer el PP con Vox. Que una cosa es precipitarse y otra guarecerse sin saberse cuánta suciedad, fontanería y cloaca es capaz de soportar D. Otegi con tal de que no gobierne la rancia y casposa derecha, y seguir obteniendo réditos.