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Cohesión y confianza: claves para el futuro del Bilbao Metropolitano

El Bilbao Metropolitano ha demostrado en las últimas décadas una enorme capacidad de transformación. Gracias a un ambicioso proceso de revitalización, pasó de ser un espacio industrial en crisis a convertirse en una metrópoli innovadora, moderna y con proyección internacional. 

Siendo conscientes de ello, actualmente nos encontramos ante otros desafíos -climáticos, sociales y económicos- que requieren no solo infraestructuras o proyectos de crecimiento económico. El aumento de discursos y actitudes xenófobas hacia determinados colectivos migrantes nos recuerda que una metrópoli que aspire a prosperar debe reforzar la confianza y la cohesión, como reconocimiento de una responsabilidad compartida en la construcción de una sociedad más justa. En este sentido, la búsqueda del bien común no es solo una cuestión de valores éticos: es un factor protector que fortalece a barrios, comunidades y entorno urbanos frente al individualismo, la instrumentalización, el racismo y la violencia.

El futuro del Bilbao Metropolitano, como en el resto de los entornos urbanos, depende de su capacidad para adaptarse a contextos de estrés social, económico y climático. Junto al crecimiento y la competitividad que necesitamos para garantizar nuestra prosperidad, el futuro de nuestra metrópoli precisa también continuar fortaleciendo otros elementos para garantizar nuestro equilibrio social y natural. Como señaló Donella Meadows, científica ambiental, maestra y escritora estadounidense, autora principal del informe The limits to growth encargado por el Club de Roma: “la función última de un sistema determina su comportamiento”. Y el propósito de una metrópoli debe orientarse a garantizar que prosperen todas las personas que la habitan, a la justicia, la equidad y el cuidado mutuo. 

Ello implica avanzar en coherencia -con una visión compartida y evaluada con indicadores sociales reales-, resiliencia frente a crisis globales, circularidad en sus sistemas productivos y, todo ello, en comunidad, juntos/as. No se trata de conceptos abstractos: son capacidades estratégicas que determinan la calidad de vida en nuestros barrios y en nuestra metrópoli y además, son la base para el bienestar de las siguientes generaciones.

El Bilbao Metropolitano es, en sí mismo, una red entrelazada. Barrios, municipios, empresas, universidades, entidades sociales y ciudadanía conforman un ecosistema interdependiente. Igual que en un organismo sano la coordinación no se impone, sino que es resultado de una sincronía natural, nuestras instituciones y comunidades deben funcionar en armonía, cada una desde su función, pero con visión común. La confianza mutua es el pegamento invisible de este entramado: sin ella, ni la mejor infraestructura ni la más ambiciosa estrategia económica lograrán sostener el progreso a largo plazo.

El reto radica en no permitir que la injusticia o la desigualdad fracturen esa confianza. En el Bilbao Metropolitano, el lugar de nacimiento, el acceso a la vivienda o la calidad del empleo no deberían condicionar las oportunidades vitales. Si la ciudadanía percibe que el esfuerzo colectivo produce frutos y que existe equidad en la distribución de las oportunidades, la cohesión florece. No se trata de nada nuevo, nuestra metrópoli ya ha demostrado su capacidad de inclusión y apertura a lo largo de su historia. Por eso, la empatía y la cooperación no son “extras”, sino los cimientos de una metrópoli que quiere ser justa, inclusiva, sostenible y que persigue infatigablemente el bien común.

El siglo XXI nos obliga a repensar el propósito de nuestras ciudades. Bilbao y su área metropolitana tienen la oportunidad de ser un referente en demostrar que la resiliencia implica también reconocerse en nuestra interdependencia. Que la diversidad es fuente de innovación y no de amenaza. Que el verdadero poder reside en entrelazar bien común y justicia para transformar el territorio. 

Una metrópoli que se construya desde esa visión será también un espacio de paz, confianza y esperanza para quienes la habitan y para quienes nos miran desde fuera como ejemplo de reinvención.

Metropolia gara! ¡Somos metrópoli!