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Sarrail begitik

Luis Javier Tellería

Ahí siguen

Mil años tardó en morirse pero al fin la palmó, decía una canción de Sabina. La palmó, sí, pero su obra, sus seguidores y su tufo ahí siguen, lo que hace intuir que, aún pasados cincuenta años desde que el fascista cascara, su doctrina y sus modos ahí siguen.

La española hacienda pilla a un señor defraudando al fisco y le abre un expediente, todo normal. Lo que ocurre es que el tipo es novio de la mismísima Dña. Ayuso, ilustre continuadora de las maneras franquistas de amar sobre todas las cosas una única libertad: tomar cervezas donde te apetezca, diferenciándole del ideólogo original que, cuando el del culo blanco te encarcelaba por tener ex, ella simplemente detesta encontrarse con ellos por la calle. Algo han evolucionado.

Tras cazar al novio, la novia y jefa del franquismo tardío, que gusta de modos autoritarios llenos de bulos y patrañas, salió a los medios diciendo que es falso que sea él quien debe a hacienda 350.00 euros por fraude, es hacienda quien le debe a él casi 600.000. Lógicamente, la fiscalía, cual cohete, desmintió la trola, y ahí es donde toda la derechona posfranquista, que a veces se mantiene opaca y avergonzada, al ver que tenían una nueva líder que se ponía al frente de las huestes fachas, se lanzó a recordarle a la ciudadanía que ellos mandan.

No sé si el fiscal lo filtró o quién lo hizo pero, ante la descarada mentira de la jefa Ayuso, a mí me resultaba de lo más correcto que el fiscal, o quien fuera, contara la verdad. Lo que no me esperaba, o sí, es que sin poder comprobar de ninguna manera quién lo hizo, los jueces nostálgicos del franquismo condenen al que nadie sabe si filtró, mientras que quien todos sabemos que mintió seguirá recibiendo el apoyo de la ciudadanía madrileña. ¡Con su pan se la coman! Aquél la palmó, pero ahí siguen.