Cuesta no sentirse una estrella del rock and roll cuando todo el auditorio se pone de pie ante ti. Incluso, si la ovación no va para una, sino para la persona que se tiene al lado, quien, por otro lado, dado su carácter recibe el aplauso entre abrumado y muy emocionado. Es lo que tiene la gente generosa, que sabe dar pero no encajar de la misma manera cómo recibir. El lunes, DEIA celebró su encuentro anual con el lehendakari en el Palacio Euskalduna. Ante más de trescientas personas, Iñigo Urkullu demostró cómo es él sin necesidad de reivindicarse. Por ejemplo, con la valentía de, en un tiempo en el que la sociedad vive dopada por muchas cuestiones gracias en parte a promesas políticas de todo a 1,99, aprovechar su discurso para insistir en un mensaje, cuando menos, hoy altamente impopular: “quien afirma que todo es posible juega con nuestra sociedad” y “quien promete sin límite mantiene una actitud irresponsable y egoísta”. No hace falta ser muy ducho en la materia para saber que los lobos están escondidos entre las ovejas. Sabemos quienes son los actores de dichos mensajes cuya intención no es otra que la de alcanzar el poder. Pero no nos engañemos. Dejarse embaucar con cantos de sirena es una responsabilidad individual, no del vecino de al lado. Y hemos caído también en lo facilón de ver que son siempre otros los que tienen la culpa de todos los males. La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. En ¿abril? (como me temía fue imposible sacarle una fecha al lehendakari) tendremos oportunidad de testar electoralmente hasta donde llega el efecto del pretendido engaño. Hasta que Iñigo Urkullu anuncie pues la fecha en la que acudiremos a las urnas, queda trabajo por delante porque “Euskadi es mi Pueblo, es mi casa”. Lo resume todo. Aplauso y ovación puestos en pie. Puro rock and roll.