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Iribar

EL mundo del fútbol ha brindado estos días un merecidísimo homenaje a José Ángel Iribar, una leyenda para quienes tuvimos el privilegio de verle cual chopo plantado en la portería, y un referente también como deportista y persona. Su sola mención emociona y lleva al melancólico recuerdo del viejo San Mamés con la grada de animación –o sea, todo el estadio– coreando su cojonudez. Iribar y diez aldeanos más. Pero ni el fútbol ni –lo siento– el Athletic son los de antes. Siempre quise ser como Iribar. Ahora quisiera ser también como él a los 80 años. Cojonudo, como no hay ninguno.