María Salmerón. Quizás a muchos de ustedes no les suene el nombre. Es una mujer coraje que se negó a que su exmarido, condenado en firme por violencia machista tras dos décadas de palizas, tuviera contacto con su hija a través del régimen de visitas. En el mundo al revés en el que a veces parece que vivimos, ella acabó en la cárcel y, después, con pulsera telemática condenada por un delito de desobediencia grave. Qué cosas, que diría un buen amigo mío. Ayer, logró la libertad condicional. “Este ha sido un castigo ejemplarizante”, dijo al pisar la calle. La víctima revictimizada.
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