Guardar el equilibrio
O es fácil guardar el equilibrio, nunca lo fue. Ni siquiera con el viento a favor. Un funambulista se balanceaba ayer sobre la posibilidad de cruzar la ría de orilla a orilla sobre una cuerda y el astillero La Naval de Sestao que vivió hace mucho tiempo ya sus días de gloria y que se mantiene en pie aferrado a la noticia de haber sido declarado Bien Cultural de Protección Especial. Marcelino se tambaleó en el alambre del banquillo de San Mamés hasta caer por las presiones electorales, según dijo ayer, y Bilbao anuncia el rescate de casi cuarenta kilómetros de calzada para andar en bicicleta, un medio de transporte que exige cierta habilidad para no dar con tus huesos en el suelo.
Por lo general, se precisa bastante valor (una clase muy especial de valor) para mantenerse en equilibrio, pero no se puede evitar que a los demás les parezca una demostración de cobardía o de un día tras día monótono. El equilibrio es aburrido, además. Y el aburrimiento es, hoy en día, una gran desventaja.
Según para quién, claro. La patronal del comercio, Cecobi, anunció ayer que ha llegado la hora de aparcar los temores e insufla optimismo al negocio minorista. Los números del comercio en 2022 suponen, según sus criterios profesionales, la instalación de pilares de sujeción para el negocio. Las cosas van serenándose, dice. Y crecen hacia tiempos pasados que, sí, fueron mejores.
Esa ida y vuelta es una ley de la naturaleza humana. Así como en los juegos de azar las cifras pares y las impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estupidez; los días de ventas a lo grande y las tardes de bancarrota. Estos días, como les dije, todo se menea más de la cuenta pero llegará un punto en el que todo se sujete. Será entonces cuando miremos qué y quiénes nos rodean y con eso debemos seguir adelante, sin rendirse jamás.