Pan nuestro de cada día
L es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón". Él es Platero, el legendario burro de la inmortal obra de Juan Ramón Jiménez. Y en sus páginas puede leerse algo así. "El pan se entra en todo: en el aceite, en el gazpacho, en el queso y la uva, para dar sabor a beso, en el vino, en el caldo, en el jamón, en él mismo, pan con pan. También solo, como la esperanza, o con una ilusión (...)" Se celebra estos días, entre los barrios de Ametzola e Irala, la Semana del pan, con la idea de amasar la vida comunitaria. No podía ser de otra manera, habida cuenta que fue en aquellas tierras donde se horneó una mítica empresa de Bilbao: Harino Panadera.
¡Humm, cómo huele recién hecho! Aprovecho para recordarles que cuando queremos que todo quede claro hemos cogido la costumbre de recitar aquella letanía de "al pan, pan; al vino, vino". Y es hábito, a su vez, atribuirles a los recién nacidos su primer oficio: el de repartidores. "Viene con un pan debajo del brazo", se ha dicho siempre. Hoy la frase lleva un poco más de razón que ayer, habida cuenta que el plan demográfico, que entrará en vigor en 2023, contempla la gratuidad de las haurreskolas y dar préstamos a jóvenes para su emancipación. ¿Cuál es el importe de la ayuda? 200 euros al mes por hijo a cargo hasta que los niños tengan tres años. Eso no es un pan de viena, es pura hogaza. Hay, por supuesto, algunas voces protestantes y otras que aplauden la decisión.
Los recién nacidos que decrecen. Una compañera me comenta que somos una sociedad de fermentación lenta. Está bien traído. A esa idea tan cierta puede oponérsele alguna otra. Por ejemplo, que mucha gente se aficionó a la elaboración del pan casero en los duros tiempos de la pandemia. Fue entonces cuando pasó por nuestras manos. ¿Qué? ¡La masa madre! l