PARA alcanzar según qué ideas tiene cada cual en la cabeza un plan que puede ser una magnífica herramienta o un freno a la imaginación, una vez diseñada ya la estrategia. "Si es planeado, es aburrido", nos dijo Freddie Mercury. Y entre no pocos gestores reina el espíritu agrícola, ese que dice que planificar equivale a cultivar para cosechar ricos frutos. Con muchos años de trabajo en las trastienda, con muchas ocurrencias propias y no menos sugerencias del pueblo, se ha diseñado un Plan General de Ordenación Urbana para Bilbao, una ciudad que ha vivido una transformación tremenda a golpe de impulsos, una ciudad que quiere ordenarse. Ya está a un paso de ver la luz.

No es fácil dar con la tecla. A veces un buen plan no consiste en encontrar la mejor alternativa sino en encontrar una que funcione. Dándole vueltas al asunto y estrujándose uno el magín suena bien la idea de que una ciudad piense en grande, se sacuda el polvo de lo pequeño y se proyecte hacia lo por venir.

Con sus dimes y sus diretes, con sus pros y sus contras, el nuevo PGOU para Bilbao suena bien. La sostenibilidad, la lucha contra el cambio climático, el ajuste urbanístico, desarrollándose cada cual en su espacio, sin pisarse, la reconstrucción de una ciudad más pareja en el género, la perspectiva de una ciudad que evoluciona y, en los casos que sea necesario, se revoluciona, son algunos de los propósitos que ahora se han puesto sobre la mesa. Era necesario, sin duda. Pero pensemos que pasamos toda nuestra vida preocupándonos por el futuro, planificando para el futuro, intentando predecir el futuro, como si calculándolo de alguna manera amortiguáramos el golpe. Pero el futuro está siempre cambiando. El futuro es el hogar de los miedos más profundos y todas las esperanzas. Veremos qué plan nos depara.