Un deseo llamado...
IDO permiso, como Dios manda, al director Elia Kazan y a la pareja protagonista, formada por Vivien Leigh y Marlon Brando, para sumergirme en el juego de palabras. Si ellos rodaron, hace ya setenta años, aquella célebre película, Un tranvía llamado deseo, hoy, cuando se anuncia la extensión de los tentáculos verdes del tranvía de Bilbao a Abusu y Bolueta, bien pudiera hablarse de un deseo llamado tranvía. No por nada la población acoge con alegría la llegada del transporte público a orillas de sus portales.
La ampliación del tranvía de Bilbao entre Atxuri y Bolueta entrará en funcionamiento el próximo viernes, día 25, y beneficiará a alrededor de 3.000 personas residentes en la zona. La obra ha supuesto una inversión de 5,2 millones de euros. Esos son, a grosso modo, los números que ilustran el primer viaje oficial celebrado ayer, con autoridades a bordo y buena parte del vecindario atento a la llegada.
Merodeando por la noticia vino a mi memoria aquel buen hombre que se marchó con el puño cerrado y volvió con la mano abierta, Rafael Alberti. Me acordé ayer de sus versos, aquellos que decían "Adonde el viento, impávido, subleva, torres de luz contra la sangre mía, tú, billete, flor nueva, cortada en los balcones del tranvía".
A partir del viernes, digo, uno tomará el tranvía Progreso y podrá bajarse en la parada Futuro. Así pide el pueblo que ocurra de vez en cuando, cuando el transporte público va ampliándose sobre los mapas para cubrir nuevos territorios. Por eso les hablaba de deseos, porque hay una buena parte de la ciudadanía que agradece esas nuevas paradas esa modificación, si se me permite decirlo así, habida cuenta que el tranvía circula a la vista y participa del tráfico urbano, sin trampa ni cartón, sin esa protección subterránea del metro. Es, como les digo, un prodigio vivido a la luz del día.