La música me salvó la vida

28.11.2021 | 00:26

Es un privilegio tener una vecina que toca el piano como los ángeles. Hay momentos en que tengo que dejar de escribir en el ordenador para oírla

MARÍA, mi vecina, pianista y profesora de música, me decía lo imposible que era contar a los niños la historia de Santa Cecilia. La patrona de la música tiene una historia distorsionada y, aunque la pinten tocando el piano, cuando ella nació por el año 230 d. Cristo, no había pianos. Pudo tocar la lira, pero de teclas nada.

Dicen –la leyenda, no la realidad– que la joven no quería contraer matrimonio (para no dejar de ser virgen) y cantaba mientras se celebraba la ceremonia nupcial. También cantaba cuando la estaban quemando en un horno. La verdad es que es muy difícil que estos santos tan santos puedan servir de ejemplo a los niños. Son vidas que no tienen banda sonora. Sin embargo, el pianista James Rhodes, dice, que su existencia, desde niño, era una banda sonora.

–Diles, como Rhodes, que, a Santa Cecilia, la música le salvó la vida.

–Estupenda reflexión, la música, según el pianista, también es medicina para el alma.

Y se lleva a sus alumnos más pequeños a celebrar –por tandas– la fiesta de la patrona de la música con una chocolatada en Portugalete.

Es un privilegio tener una vecina que toca el piano como los ángeles. Hay momentos que tengo que dejar de escribir en el ordenador para oírla. Una parte de su alumnos pequeños, el año pasado por Navidad, le dijeron que querían en los días de vacaciones, que María les contara la vida de los grandes músicos.

Feliz, les habló de la infancia de Mozart, del emperador Beethoven. Del sensible Chopin y el mago Ravel.

Después de muchas gestiones, sin que los niños lo supieran, María contacto con James Rhodes. Por videollamada, los niños escucharon en directo del pianista, que hay 88 teclas en un piano y, dentro de ellas, un mundo entero. Poco a poco, la conversación se hizo más fluida, los chiquillos le preguntaban dudas de niño y el pianista estaba más fascinado que los pequeños por conocer a niños que hubieran elegido a los músicos para sus días libres.

Veo el vídeo de Rhodes –una joya para María– y siento la cercanía del pianista.

Me fijo en sus ojos. La mirada fue lo que más fascinó a los pequeños.

Esta semana, el pianista puede ser una Santa Cecilia creíble, no pintada con colores que no existen. No tenemos que poner en la infancia metas imposibles, el covid ya nos ha deprimido un poco a todos. Cada mañana, solo un pensamiento:

Hoy es el primer día de mi vida y voy a vivirlo siempre como su fuera el último.

Dentro de unos días entramos en el adviento, el tiempo de Navidad. "Un tiempo para asentar una fe más infantil".

Como los niños de María, he aprendido mucho leyendo libros y artículos de este pianista fabuloso, un Peter Pan eterno que dice que en el momento que dudas si puedes volar, renuncias para siempre a poder hacerlo. Rhodes vuela cuando posa los dedos en el teclado. "Tengo mucha fe –confiesa– y no tengo religión, pero no hay mayor prueba de la existencia de Dios que Bach, Beethoven, Chopin, Liszt, Brahms, Stravinski, Schubert, Schumann, Ravel, Bartok, Haydn, Mozart".

Hay santos que nunca encontrarán un sitio en el calendario.

Delante de mi ordenador he puesto una, casi, oración, que le leí a Rhodes en un artículo: ?Un susurro de fe –escribe– es mejor que un grito. Resulta agotador ser agnóstico. Buscar la razón en un mundo sin sentido. Cuánto más fácil sería la vida si pudiera encarnar las palabras de san Francisco de Asís: "¡ Señor, haz de mí instrumento de tu paz/ que allí donde haya odio, ponga yo amor;/ donde discordia, ponga yo unión;/ donde haya ofensa ponga yo verdad;/ donde haya duda, ponga yo fe;/donde haya desesperación, ponga yo esperanza;/ donde haya tinieblas, ponga yo luz;/ donde haya tristeza, ponga alegría. / ¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto/ ser consolado como consolar;/ ser amado, como amar. / Porque dando es como se recibe:/ olvidando, es como se encuentra;/ perdonando, como se es perdonado;/ muriendo, como se resucita a la vida eterna".

He aprendido mucho y quiero, como el genial pianista pensar: "Cuánto más brillante se vería el mundo si remplazara mis zapatos enojados por un par de los mejores que calzaba descalzo Asís".

María, este año cambia Santa Cecilia por James Rhodes. Seguro que la santa no se enfada.

* Periodista y escritora

Blogs de Deia
Foros Deia
noticias de deia