Colaboración

La clínica del alma

Pocas personas discuten que cada vez nos cuesta más concentrarnos en nuestras actividades: siempre tenemos alguna excusa para mirar el móvil. Vamos, que no estamos a lo que estamos

12.07.2020 | 00:12
La clínica del alma

sI tuviese que definir un libro, escogería la opción de Emilio Lledó (Los libros y la libertad). "El libro es, sobre todo, un recipiente donde reposa el tiempo. Una prodigiosa trampa con la que la inteligencia y la sensibilidad humana vencieron esa condición efímera, fluyente, que llevaba la experiencia del vivir hacia la nada del olvido".

Para el interior de los mismos, toca acudir a Carlos Ruiz Zafón (La sombra del viento). "Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien escribió, el alma de quienes lo leyeron y soñaron con él". Por supuesto, estas líneas son un homenaje a Ruiz Zafón, fallecido el pasado 19 de junio.

La historia de La sombra del viento como fenómeno editorial es apasionante. Pocas veces un libro ha pasado de mano a mano a partir del boca a boca. No hizo falta ninguna campaña publicitaria. Cuando pesa más el continente que el contenido; cuando pesa más la promoción que el producto, eso tiene mucho mérito. En la actualidad, El infinito en un junco (Irene Vallejo) y recientemente Los asquerosos (Santiago Lorenzo) han tenido también un gran recibimiento por parte del público. Eso nos proporciona un poco de luz dentro de una oscuridad en la que muchos famosos escriben sus Memorias para que podamos comprender sus "admirables vidas" a cambio de un suculento beneficio. Primero el autor, después la obra.

Sin embargo, en La sombra del viento era primero la obra, luego el autor. Todo gran libro debe cumplir esa condición. Aunque no podamos leer todos los ejemplares que deseamos. Esa fue la gran frustración de Borges. En economía eso tiene un nombre: coste de oportunidad. Al leer un libro, dejamos de leer otro. Al leer un libro, no hacemos deporte, no tomamos un café, no vemos la televisión, no dormimos. Se trata de una elección.

Ahora bien, ¿cuál es la mayor competencia de un libro? ¿El cine? ¿Hacer ejercicio? ¿La familia? ¿El sueño? La pregunta es muy pertinente, ya que muchas veces no está claro, en los diferentes mercados económicos, cuáles son los productos que compiten entre sí.

Si deseamos comprar un coche la competencia se da entre las diferentes marcas que nos proporciona el mercado automovilístico. Pero las cosas no son tan fáciles. Un buen transporte público, una gasolina excesivamente cara, los impuestos (o las subvenciones) o cualquier otro aspecto influye en la compra. Claro que el transporte público es competencia; pero es que también lo es una bicicleta o un patinete. También lo es una buena conexión de tren o autobuses. Todo cuenta. Por ejemplo, en épocas de crisis los cosméticos son competencia de la ropa. El ser humano desea proporcionar una buena presencia a los demás. Somos seres sociales. Somos así.

En este caso, la mayor competencia del libro es la pantalla. Los números son aterradores. Ya se habla de un "mercado de la atención". Pocas personas discuten que cada vez nos cuesta más concentrarnos en nuestras actividades: siempre tenemos alguna excusa para mirar el móvil. Se ha demostrado que el 50% de nuestro tiempo de vigilia tenemos los pensamientos por otro lado. Vamos, que no estamos a lo que estamos, aunque de cara al exterior no queramos demostrarlo.

El periodista francés Bruno Patino ha publicado La civilización de la memoria de pez. Proporciona diferentes números. No podemos mantener la concentración más de 9 segundos, ya que recibimos múltiples estímulos digitales al día. Miramos el móvil mínimo 30 veces la hora, una vez cada tres horas de sueño, lo cual nos lleva a casi 200.000 veces al año. Los números parecen exagerados, pero el problema no. Cada vez pasamos más y más horas pendientes de la dichosa pantalla. En Japón, se ha hundido la memoria a corto plazo y se usa el móvil para realizar cualquier mínimo recorrido. Un desastre.

Claramente tenemos dos problemas interrelacionados: la falta de concentración y la adicción a la pantalla. Pues bien, vamos a buscar una solución.

En la antigüedad, a una biblioteca se la llamaba "la clínica del alma". Y la recomendación que se hacía para buscar la paz interior era precisamente leer. Por supuesto, son imprescindibles dos complementos. Uno, desarrollar la conexión con la naturaleza. Jordi Soler lo expone muy bien en su libro Mapa secreto dos bosque. Dos, desarrollar la conexión con otras personas. Mungi Ngomane lo expone muy bien en su libro Ubuntu. Lecciones de sabiduría africana para vivir mejor. Principio básico: "yo soy porque tú eres".

Al contrario que con las horas de televisión y pantallas, nadie se ha arrepentido de haber leído mucho.

Leer es soñar, imaginar, amplificar el mundo, ser y vivir con los protagonistas, dialogar con personas que han fallecido hace miles de años, unirse a la nube del saber con todos los que hemos sido, somos y seremos.

La biblioteca y los libros son la clínica del alma. Economía de la Conducta. UNED de Tudela

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