Las violaciones del alto el fuego limitan la paz entre Israel y Líbano
Los ataques de Hizbulá y las demoliciones israelíes tensionan la reunión clave en Washington
Israel conmemora su 78 Día de la Independencia en un escenario paradójico, donde los discursos que apelan a una futura paz regional conviven con el estruendo de la artillería en la frontera norte. A pesar de la tregua de diez días pactada bajo mediación internacional, la situación en el sur del Líbano se mantiene en un equilibrio precario, marcado por denuncias cruzadas de violaciones del alto el fuego y una actividad militar que no cesa. En este contexto de fragilidad absoluta, el Gobierno libanés y la administración israelí miran hacia Washington, donde una reunión clave este jueves intentará extender el cese de hostilidades y evitar que la región recaiga en una guerra abierta de consecuencias impredecibles.
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En el plano militar, la calma es inexistente. El Ejército israelí ha confirmado nuevos bombardeos aéreos en zonas como Saluki y Al Qusayr, justificando estas acciones como "defensa propia" ante la presencia de milicianos de Hizbulá que habrían cruzado la denominada Línea de Defensa Avanzada.
Según los mandos castrenses de Israel, estas incursiones representaban una amenaza inmediata para sus tropas, que mantienen desplegadas cinco divisiones en territorio libanés. Esta ocupación, que penetra entre ocho y diez kilómetros desde la frontera común, ha transformado el paisaje de unos 50 municipios libaneses, donde las operaciones de demolición sistemática continúan. Localidades estratégicas como Khiam, Beit Lif y Naqoura han sido testigos de la destrucción deliberada de infraestructuras y viviendas, una táctica que busca consolidar una zona de amortiguación pero que, para Beirut, supone una violación flagrante de su soberanía nacional.
Por su parte, Hizbulá ha roto su silencio operativo confirmando un ataque con cohetes y drones contra la posición militar de Kfar Giladi, en el norte de Israel. La organización chií defiende que esta acción es una respuesta necesaria a las más de 200 infracciones cometidas por el Estado judío desde que entró en vigor el acuerdo. El Centro Nacional para Peligros Naturales del Líbano respalda esta versión con datos alarmantes, contabilizando centenares de incidentes que incluyen ataques de artillería y ráfagas de ametralladoras.
Mientras tanto, en Jerusalén, el presidente Isaac Herzog ha optado por un tono conciliador y casi onírico durante su recepción al cuerpo diplomático, expresando su deseo personal de "conducir algún día hasta Beirut". Sin embargo, su visión de normalización regional a través de los Acuerdos de Abraham contrasta con la dureza del canciller Gideon Saar, quien describe al Líbano como un "Estado fallido" que debe ser liberado de la influencia iraní para alcanzar una paz real.
Con este trasfondo de tensión y destrucción, la delegación libanesa en Washington, encabezada por la embajadora Nada Hamadeh Moawad, acude a las negociaciones con una postura de "cero transigencia" en lo que respecta a su integridad territorial. El éxito de esta cita diplomática determinará si el "sueño" de paz de Herzog tiene alguna base real o si los escombros del sur del Líbano seguirán siendo el preludio de un conflicto mayor.
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