Cambio de perspectiva
Los líderes políticos, los que aspiran a serlo, las elites periodísticas y los millonarios de alrededor del mundo se fueron ya de Davos, mientras que la principal figura en las reuniones de la semana pasada ha cambiado ya de rumbo y centra su interés en otras cosas.
Esa figura, el presidente norteamericano, ya se preocupa poco por la isla gélida de Groenlandia que tanto parecía ambicionar y que Estados Unidos pasará a controlar sin necesidad de compras o cesiones.
Ahora se centra en el nuevo objetivo de las elecciones parciales del próximo noviembre, en las que Donald Trump no será ya candidato, pero en las que corre grandes riesgos, igual que su Partido Republicano .
Porque los republicanos obtuvieron en las elecciones de 2024, además de la presidencia, mayorías en todas partes, no solo la Casa Blanca. También ganaron el control de las dos cámaras del Congreso en Washington y una mayoría de los parlamentos de los 50 estados. Ahora, en cambio, se enfrentan a un panorama mucho peor: hay un gran riesgo de que pierdan una o las dos cámaras del Congreso, lo que dejaría paralizado a Trump.
Todavía peor para él, es casi seguro que los demócratas aprovecharían la situación para llevarlo nuevamente al banquillo y reanudar sus esfuerzos para juzgarle, condenarlo y reconvertirlo en el primer expresidente encerrado tras las rejas.
Las elecciones parciales, que son legislativas cada dos años y llevan a las urnas también a los gobernadores de los 50 estados, acostumbran a ser negativas para el partido de los presidentes que sufren el desgaste inevitable del cargo. Es algo que Trump trata por todos los medios de evitar, hasta el punto de que ha tomado la medida inédita de convocar una convención de su partido para este año, cuando lo normal es que estas reuniones se celebren tan solo cuando hay elección presidencial.
Baja popularidad
La popularidad de Trump, cuya aprobación roza ahora el 40%, es muy baja comparada con la de otros presidentes a este momento de su mandato, algo que le parece inexplicable pues considera que la economía marcha viento en popa y es tradicional que los votantes respondan favorablemente a la bonanza.
Pero lo cierto es que tal bonanza esta más en los ejercicios de las sociedades que en los bolsillos del contribuyente y, si bien las arcas del gobierno están más repletas gracias a los aranceles impuestos a una multitud de importaciones, las cuentas particulares no crecen y la gran bonanza que Trump pronosticaba no ha llegado –al menos hasta estos momentos–.
A Trump tampoco le ayudan las protestas, como las que vive desde hace semanas el estado de Minnesota donde han muerto ya dos personas en los disturbios que enfrentan a las agentes armados del departamento de inmigración y a las autoridades locales. Aunque Minnesota es un estado de mayorías demócratas que tampoco daría su voto a Trump, las imágenes de violencia diarias en las televisiones crean una atmósfera contraria a quienes ocupan el gobierno y quieren ser reelegidas.
Entre tanto, la popularidad de Trump entre los votantes hispanos, un bloque tradicionalmente seguidor del Partido Demócrata pero que mostró grandes simpatías por Trump, ha ido bajando por la política de expulsión de inmigrantes y no hay indicaciones de que vaya a recuperar sus votos.
El famoso “arte de negociar” descrito por Trump en un libro publicado hace décadas, tal vez le dé resultados en Groenlandia o en Kiev, pero no parece repercutir en su escenario principal, que es la política interna, ni garantiza resultados económicos a tiempo de las exigencias electorales.
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