"Es simple, votamos ser o no ser una Argentina distinta”, proclamaba el candidato ultraliberal Javier Milei en su spot final. Una frase que expresa la importancia de la cita electoral de este 19 de noviembre para los argentinos. La elección entre el continuismo peronista, que ha marcado las últimas dos décadas en Argentina, o la revolución ultraliberal de todo el sistema político y económico que preconiza Javier Milei.

Pocos imaginaban hace unos meses que Javier Milei podría abanderar tan profundo cambio para el país austral, y con tanto éxito. Estrella mediática por su peculiar y excéntrica personalidad, era difícil imaginar que su salto a la política podría conllevar una carrera tan fulgurante, conduciéndolo hasta las puertas de la presidencia de la nación. Abanderando el anarcocapitalismo, Milei se ha convertido en lo contrario de lo que el peronismo histórico ha significado para Argentina. Por ello, Milei personaliza el deseo de cambio de gran parte de la ciudadanía que ansía esa nueva Argentina que supere su histórico ciclo de inflación y pobreza.

¿Pero, quién es Javier Milei? Pocos detalles quedan por conocer de su vida gracias al histrionismo del personaje y al acoso periodístico de los meses de campaña. Portero de fútbol en su juventud y líder de una banda de rock que versionaba a los Rolling, con su pelo alborotado y su personalidad extrema, Milei se convirtió en estrella televisiva como analista económico en el prime time. Sus salidas de tono, sus exabruptos hacia los políticos de izquierda y su personalidad extrema, lo han convertido no sólo en un crítico de la política y economía del país, sino también en una estrella que no duda en relatar su pasión por el sexo tántrico o su cariño por los cinco perros mastines con los que vive.

Pero al margen del Milei mediático y televisivo, también está el Milei economista, al que hay que comprender para entender sus ideas políticas. Como economista Milei se adhiere a la escuela austríaca, identificándose como ferviente admirador de autores como Von Mises o Friedrich Hayek. Basándose en el individualismo metodológico, esta escuela económica entiende la sociedad conformada por individuos y sus acciones, por lo que sostiene que, para que la economía funcione, los individuos necesitan de la máxima libertad frente al estado. Todo ello convierte a estos teóricos en los precursores del neoliberalismo económico.

Esta escuela se contrapone a las escuelas marxista y keynesiana, que, para la corrección de los defectos del mercado, abogan por la intervención del estado en la economía. Para Milei el gran enemigo en lo económico sería Keynes, a la vez que el estado. Milei se siente seguidor de Murray Rothbard, un autor discípulo de la escuela austríaca que fue más lejos a la hora de entender el papel del estado en la economía. Rothbard fue el formulador del anarcocapitalismo, una versión libertaria de derechas de la escuela económica austriaca, en el que el papel del estado sería completamente negativo para el funcionamiento de la economía. Según Rothbard, el estado no solo no debe intervenir en la economía, sino que cuanto menos estado, mejor. Una suma, por tanto, del capitalismo más desbocado junto al anarquismo político.

Milei compra todas las ideas de Rothbard, declarándose siempre que puede como un anarcocapitalista convencido. Un liberal extremo, que como libertario ve en la intervención del estado una interferencia en lo económico, que no solo distorsiona el funcionamiento del mercado, sino que, tal como ocurre en la Argentina, convierte al estado en un monstruo que no hace más que crecer y comerse los recursos del país, creando un sistema paternalista basado en las ayudas económicas, convirtiendo a la ciudadanía en dependientes de la caridad y las ayudas del estado. Una clara crítica al modelo peronista que lleva 70 años en el imaginario político de los argentinos.

Este libertarismo capitalista de Milei, junto a un populismo radical que coquetea en muchos temas con la extrema derecha, encaja perfectamente en la situación de la Argentina actual. Milei ha construido un relato claro y que repite constantemente para justificar su revolución. En su último debate televisivo, volvió a repetirlo de principio a fin. Para Milei, Argentina inició el siglo XX siendo uno de los países más ricos del mundo. Un siglo después, los niveles de pobreza se han convertido en alarmantes, la inflación está desbocada y el país es incapaz de solucionar sus problemas económicos. El responsable, para Milei, está tan claro como el propio problema. Es la casta política, la que ha creado un sistema paternalista que, a través de la deuda, ha convertido a los ciudadanos en dependientes de sus ayudas. Una casta que, aunque él no lo explicita, se identifica sobre todo con los miembros del peronismo oficial.

El símbolo de la motosierra

La solución para Milei, fiel a su anarcocapitalismo, es un sistema de mercado libre en el que la dependencia y la intervención del estado sea la menor posible. Esto implica no sólo aligerar el peso burocrático y político del estado, “liberarnos de la casta”, como diría Milei, sino también limitar los impuestos. Aquí es donde Milei saca su conocida motosierra, que simboliza la necesidad de reducir y cortar al máximo el aparato estatal y la carga fiscal sobre la ciudadanía. Una motosierra que Milei no ha dudado en exhibir en campaña ante sus adeptos y que se ha convertido, con canción incluida, en uno de los grandes atractivos de la primera vuelta electoral. Una sierra mecánica que simboliza también el deseo del candidato ultraliberal de cortar el cordón umbilical que aún une a los argentinos con el mito político peronista, verdadera némesis tanto de Milei como de su anarcocapitalismo.

Para Milei su nueva Argentina no es una ensoñación, es algo claro y definido. Reforma del estado, rebaja radical del gasto público, reducción de impuestos, privatizaciones masivas de empresas estatales, dolarización de la economía o acabar con el Banco Central. El camino parece sencillo. Esas son las grandes líneas de la estrategia de Milei. Según él, con estas medidas, en 15 años los argentinos podrían alcanzar el nivel de vida de Italia o Francia, en 20 el de Alemania y en 35 el de los Estados Unidos. Toda una declaración de intenciones y más teniendo en cuenta la situación actual del país. Una declaración que más que libertaria o anarcocapitalista, parece meramente populista.

Pero quizás sea en este aspecto donde radique el éxito de Milei. Su populismo libertario no solo se limita a atacar a la casta y al gran peso del estado, sino que va en contra de la línea de flotación de la que ha sido la ideología que ha marcado la historia reciente de Argentina, el peronismo. Un movimiento político que se basa en una visión paternalista del estado respecto a las clases medias y trabajadores y que aboga por un intervencionismo en la economía. Un mito político que pervive en el inconsciente de los argentinos y ante el que Milei ha sido capaz de presentar un populismo completamente opuesto, logrando enganchar a todos los desilusionados con las políticas de las últimas décadas.

Antítesis del peronismo

Fue el kirstchnerismo el que resucitó el peronismo a principios del 2000, convirtiéndolo en prácticamente hegemónico en los últimos años, con el permiso de Macri. El peronismo, que nunca ha desaparecido del imaginario político argentino, sigue con vida y ha vuelto a incrustarse en el estado. El populismo ultraliberal de Milei no solo ataca a la casta política, también se enfrenta a la esencia de la concepción del estado peronista. Ahí radica el gran poder de atracción del populismo radical de Milei, ya que se postula como la verdadera antítesis de la corriente política principal de la historia reciente del país del Plata.

Un relato revolucionario que parece haber calado en una importante parte de la sociedad, sobre todo entre las y los más jóvenes. Pero un relato también que siembra muchas dudas y temores. Por una parte, como muchos autores indican, las políticas económicas ultraliberales no son algo nuevo, sobre todo en Latinoamérica. Ya las dictaduras militares, como la de Pinochet en Chile, optaron por la economía neoliberal siguiendo las tesis de los famosos Chicago Boys, uno de los adalides del libre mercado. Otros presidentes argentinos, como Menem o, más recientemente, Macri, ya optaron por la liberalización a ultranza. Unas políticas que al igual que en los Estados Unidos o Gran Bretaña, mostraron sus consecuencias negativas y fueron incapaces de dar una solución a los problemas económicos sobre los que se aplicaron.

Un grupo de más de cien economistas de talla internacional, con figuras como Thomas Piketty, ya ha hecho público mediante una carta sus críticas al programa ultraliberal de Javier Milei. En el documento avisan de que las medidas propuestas pueden tener consecuencias catastróficas en una economía ya de por sí tensionada como la argentina y pueden ser creadoras de desigualdades que llevarían al país austral al caos más absoluto. Parece difícil comprender cómo un país con problemas tan graves, no solo económicos, también sociales, pueda mantenerse en pie cortando la intervención y la inversión del estado.

La sociedad argentina, por tanto, se halla ante una encrucijada histórica. Por un lado el peronismo domesticado de Sergio Massa, optando por un continuismo de las políticas de las últimas décadas heredadas del kirstchnerismo. Por el otro lado, la revolución libertaria de Milei y su motosierra, con una ultraliberalización del mercado y un adelgazamiento del estado. Dos modelos totalmente contrarios y que según las encuestas se encuentran más o menos empatadas. Desde luego, si Milei vence, habrá que ver si sus promesas se hacen realidad, y si el Milei mediático acaba comiéndose al Milei economista, y sus promesas terminan en otro intento fracasado de recuperar económicamente Argentina.