Bilbao. México empezó a celebrar ayer el bicentenario de su independencia, un gran acontecimiento que están viviendo varios países latinoamericanos como Colombia, Argentina o Chile. Sin embargo, en ningún país se está percibiendo con tanto pesimismo y desánimo como en México. En medio de la ola de violencia y ante una gravísima crisis económica, social e institucional, Felipe Calderón y los líderes locales gritaron ayer los "vivas" a los héroes de la independencia y a la patria bajo un estado de alerta en todo el país, con 25.000 efectivos policiales y militares vigilando las fiestas patrias ante posibles ataques y con un aforo limitado en las principales plazas.

Ante esta celebración blindada, y en algunas ciudades cancelada, el sentimiento de buena parte de los mexicanos es de desazón. Al respecto, el historiador y analista político Enrique Krauze señala: "Creo que estamos sumidos en una depresión nacional (...) estamos desanimados y pensamos que no tenemos futuro y, por lo tanto, vemos hacia atrás y decimos: Nada de lo que hicimos vale la pena (...) Creo que estamos obnubilados con la depresión que tiene que ver con el crimen, con la súbita guerra contra el narcotráfico que había que dar, con el estancamiento económico, con la pobreza, con la migración y con el que México no avanza", manifestó ayer el director de Letras Libres en una entrevista con el diario mexicano Milenio.

La destacada escritora Elena Poniatowska fue más allá y apuntó que "no hay nada que festejar". "El Gobierno está gastando millones, en vez de gastarlos en la gente, en el bienestar de los mexicanos", manifestó. Poniatowska se ha mostrado muy crítica con el gasto que está realizando Calderón en su lucha contra el narcotráfico, pero también con el coste de la celebración por el Bicentenario. En un país donde el 55% de la población está sumido en la pobreza y el 19% en la pobreza extrema, el Gobierno ha gastado 45 millones de dólares solamente en el desfile de Ciudad de México, que ayer recorrió el Paseo de la Reforma hasta el Zócalo, donde Calderón emitió el tradicional grito de la Independencia. Aunque las críticas no sólo apuntan al desfile, sino también a los cientos de proyectos, obras públicas y eventos organizados que han costado un total de 230 millones de dólares. Todos los países han invertido grandes recursos y esfuerzo para hacer de esta celebración un momento memorable, sin embargo, México ha fallado también en este intento. La Estela de la Luz, considerado el monumento conmemorativo del Bicentenario, no estará listo hasta el último trimestre de 2011.

Momentos amargos México ha llegado al Bicentenario en uno de sus peores momentos. A los altos índices de corrupción a todos los niveles -justicia, política, fuerzas de seguridad-, el desempleo y una pobreza que no deja de aumentar, se suma una pérdida paulatina de independencia desde el punto de vista económico. Las cifras son claras: México compra el 40% de lo que consume en el extranjero, no tiene banca propia, el 95% de las empresas estatales se han privatizado, así como la industria minera...

Eso sin olvidar la guerra entre los cárteles que ya ha dejado casi 30.000 muertos. Pese a que el Gobierno presume de la captura en las últimas dos semanas de dos importantes capos de la droga, lo cierto es que su combate al crimen organizado hace tiempo que está fallando. Los grupos criminales controlan cada vez más partes del Estado, sus finanzas permanecen intactas, siguen huidos de la justicia los principales líderes y cientos de jóvenes siguen sucumbiendo al poder de los grupos criminales ante la falta de oportunidades. Mientras, la impunidad y la corrupción alimentan sus tentáculos en un país sumido en el caos.