Un año después del ciberataque que paralizó parte de su producción y dejó al descubierto la fragilidad de su infraestructura digital, Jaguar Land Rover (JLR) ha tomado una decisión llamativa... aunque lógica: ordenar a más de 30.000 empleados que restablezcan sus contraseñas de forma presencial, en los centros de trabajo y bajo supervisión directa del equipo de TI -es decir, de informática-. La medida, que puede parecer extrema, responde a la investigación interna que la compañía ha mantenido abierta desde que el ataque afectó a sus sistemas el pasado verano, obligando a detener líneas de montaje y a operar durante semanas con procesos manuales. 

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Según fuentes internas citadas por medios británicos, la decisión no se debe a que se haya producido algún incidente nuevo, sino a la necesidad de "cerrar definitivamente cualquier posible puerta trasera" que pudiera haber quedado abierta tras el ataque inicial. En otras palabras, JLR quiere asegurarse de que ningún actor malicioso (ni externo ni interno) conserve credenciales antiguas, comprometidas o clonadas. La compañía ha explicado a su plantilla que el restablecimiento masivo es una medida preventiva, pero el hecho de que se realice de forma presencial (y no mediante los habituales sistemas remotos de recuperación) indica un nivel de cautela poco habitual en una empresa de su tamaño.