BILBAO. Amil kilómetros de distancia, hace apenas un año, las gradas del Ramón de Carranza entonaban un cántico réplica del que Toquero oye en San Mamés: "¡Ari, ari, ari, Aulestia lehendakari!". Un prestado. Era cuando el Cádiz contaba con una tapia en su portería, cuando el guardameta vizcaino Oinatz Aulestia era el arquero con el coeficiente más bajo de goles encajados de las tres primeras categorías del fútbol estatal (en marzo, con 0,63: 17 goles en 27 partidos) y en La Tacita de Plata solo se concebía el ascenso a Segunda A como senda del deber del club gaditano, un histórico, uno de los simpáticos del balompié, por el argumento de sumar a este deporte, como ha venido siendo albergar un trofeo veraniego histórico o retener en su día al futbolista que el mismísimo Maradona citó como mejor que él mismo, como era Mágico González, en su modesto vestuario. Los tiempos de gloria que precisamente pudo vivir otro vizcaino, también bajo palos, Armando Ribeiro, con ascensos a Segunda y Primera -le valieron el Zamora de la categoría de plata y el posterior fichaje por el Athletic-, han pasado a la historia.

A Oinatz Aulestia le ha tocado llegar al club gaditano desde la algidez que supone dejar un vacío para los aficionados de su anterior club, el Oviedo. Sin embargo, después de no lograr el ascenso a Segunda en la tanda de penaltis del último encuentro el pasado curso, en la temporada 2012-13 el equipo ha entrado en barrena. No solo en lo institucional, donde acumula una deuda superior a los 13 millones de euros y se mece en la inestable cuna de la ley concursal, sino ahora también en lo deportivo: el equipo, que tras 17 jornadas ha albergado a tres entrenadores (Alberto Monteagudo, Ramón Blanco y, actualmente, Raúl Agné), ocupa el décimo octavo puesto de la clasificación del grupo IV de Segunda B. Respira en la quema. Y lo que es peor dada la inercia, encadena cuatro derrotas seguidas, 551 minutos sin marcar un gol y 1 punto sumado de los últimos 24 posibles. Una caída en picado que, de sostenerse hasta el final del curso, de provocar el descenso a las catacumbas de Tercera División, provocaría la desaparición del club, cuya situación sería incompatible con la asunción de las deudas. Un escenario insostenible para la infraestructura gaditana.

En manos italianas "Ni la dinámica ni el ambiente acompañan. Nadie se salva, precisamente porque esto es un deporte de equipo. Ahora toca tratar de sumar, cada uno en lo que pueda", dice Aulestia, cual ejército inmerso en un zafarrancho de combate, codo con codo. Se trata de la supervivencia, una situación en la que el Cádiz ha desembocado coincidiendo con la llegada, esta misma campaña, de un grupo inversor italiano encabezado por Alessandro Gaucci, hijo del que fuera durante casi quince años propietario del Perugia italiano. Un grupo que, después de tantear al Elche y al Córdoba, se quedó con el Cádiz y la figura de Florentino Manzano, acompañado por su hijo Antonio, como presidente del mismo.

Alessandro Gaucci, además de propietario, presenta los galones de director deportivo, pero concretamente lo deportivo es lo que puede llevar a naufragar al club, lo que puede ser su lastre para sumergirse en el fondo del abismo. Y eso que el guardameta ondarrutarra valora la plantilla como "un equipo superior a la categoría". "Pero eso hay que demostrarlo", solapa el arquero, sin excusas, conciso, cómplice de lo que ocurre aunque esté lejos de su voluntad, responsable Oinatz, quien precisamente suena para las filas del Alavés, aunque él prefiere mirar hacia las porterías del Cádiz. "Aquí, tanto en el club como en la ciudad, estoy muy a gusto". De salir, dada su implicación, jamás se le podría considerar un refugiado. Al revés, pone la cara.

"deprisa y corriendo" Según el guardameta, formado en el filial del Eibar y que ha convivido en vestuarios de clubes como el Bilbao Athletic o la Cultural Leonesa, las razones que han llevado al Cádiz a la peor situación que se recuerde son las prisas. "El grupo inversor que ha llegado tiene ideas e ilusión, lo percibimos desde dentro, pero cuando llegó tuvo que hacer las cosas deprisa y corriendo. Se vieron obligados a renovar la plantilla en unos pocos días, porque solo seguimos tres jugadores respecto al equipo del año pasado".

Esa celeridad, a juicio de Aulestia, ha arrastrado al plantel, que, con tres técnicos diferentes en el presente curso, ha tenido complicado asimilar conceptos. "Al final, los resultados marcan. La directiva no está satisfecha con su trabajo ni con el de los jugadores, pero trabajamos con ilusión. No creo que los inversores hayan venido para perder el tiempo", confía el arquero de Ondarroa, a quien le recordaban el nombre de Armando cuando la actualidad marcaba otros derroteros: "Ahora la atención se centra en salir del agujero".

La salvación del club pasa, por tanto, por el rendimiento deportivo. "El fútbol también es uno de los afectados por la crisis que atravesamos. Si ocurre que en Primera hay equipos, como dicen del Deportivo en la próximas fechas, que tienen que entrar en ley concursal, cómo no va a ocurrir en Segunda B. Pero si no rendimos deportivamente, será peor para el club. Tenemos que hacer lo máximo posible para no agrandar la situación", desgrana Aulestia. En el tapete verde se juega la partida del todo o nada. Así lo hace saber la directiva, expresiva con mensajes de Alessandro al vestuario como "les faltan cojones", una singular manera de poner a la plantilla en el paredón, de achucharla anímicamente amenazando su amor propio. Juegos de psicología con el punto de mira en el buen funcionamiento.

la peculiar familia gaucci Esta es solo una parte de las excentricidades de la familia Gaucci, que trata ahora de reflotar al Cádiz como lo hiciera con un Perugia, que logró ascender desde la Serie C hasta la Serie A del Calcio, llegando incluso a ganar una Copa Intertoto que dio al club transalpino su primera participación en competición europea. Un trayecto dorado el de la fugaz escalada, aunque también cargado de connotaciones curiosas. Porque fue la familia Gaucci, que presume de un ojo clínico para el negocio del fútbol -Alessandro tiene un gran estatus en Italia como ojeador, por sacar partido, entre otros, del japonés Nakata, dando paso en Europa al mercado oriental y viceversa-, ha protagonizado anécdotas varias. Por ejemplo, la polémica con el delantero coreano Ahn Jung-Hwan, expulsado del Perugia tras anotar el gol de la eliminación de Italia en el Mundial de Corea y Japón de 2002. Asimismo, fue el Perugia durante el mandato de la familia el que fichó al hijo de Gadafi, o el que cerró la contratación del ecuatoriano El Inseminador Kaviedes después de seguir su evolución a través de la pantalla del ordenador, mediante la herramienta de acercamiento que es internet, sin gastos de desplazamientos.

Visionarios o no, afortunados o simplemente oportunistas, los Gaucci, la labor que hay por delante en el Cádiz es ardua, como lo están siendo las amenazas, que fluyen entre los malos resultados, a caballo entre comparecencia y comparecencia. De hecho, Alessandro, con motivo de la llegada del mercado invernal, lanzó el siguiente mensaje a sus jugadores: "O cambian ellos o cambio yo toda la plantilla". Un pulso. Mano de hierro. Aunque eso sería volver al pasado veraniego, frustrante etapa en la que, a juicio de Aulestia, se ha gestado el caos contemporáneo. Mientras tanto, seguirá impuesto un régimen "como en la Segunda Guerra Mundial". Así lo tildó Alessandro, el ejecutor de las bélicas medidas. Sobre las 23.00 horas, todos bajo los tejados de sus casas. Toque de queda en Cádiz. Hoy, entre tanto, sonarán las cornetas: Aulestia y sus compañeros se miden al Atlético Sanluqueño, la primera estación hacia la ansiada salvación.