El buen tino de Soldado
El delantero valenciano agradece la confianza de Del Bosque y revienta el cerrojo
GEORGIA: Loria (Min. 72: Kvashkadze); Lobjanidze, Kashia, Khizanishvili, Amusulashvili; Okriashvili, Daushvili, Kankava, Targamadze (Min. 63: Dzalamidze); Kvirkvelia y Mchedlidze (Min. 79: Sirbiladzem).
ESPAÑA: Casillas; Arbeloa (Min. 80: Cesc Fábregas), Piqué, Ramos, Jordi Alba; Busquets (Min. 56: Pedro), Xavi Hernández, Xabi Alonso; Silva (Min. 64: Cazorla) y Soldado.
Gol: 0-1: Min. 87: Soldado remacha a gol un certero pase de Cesc Fábregas tras combinar con Pedro.
Árbitro: Svein Oddvar Moen (Noruega).
Estadio: Partido correspondiente a la segunda jornada del Grupo I de la eliminatoria europea para el Mundial de Brasil 2014, disputado en el Estadio Nacional Borís Pachaidze ante 55.000 espectadores, lleno total.
bilbao. En toda la primera parte Iker Casillas no tocó ni una sola vez el balón. Lógico: el equipo de Georgia apenas traspasó cuatro veces la línea que recorre el centro del campo, circunstancia largamente jaleada a modo de proeza por la hinchada local, que había interiorizado como auto de fe las palabras que en vísperas pronunció Temur Ketsbaya, el seleccionador del combinado georgiano: "España es el mejor equipo de todos los tiempos".
Sin embargo, y a falta de tres minutos para cumplirse el tiempo reglamentario, el partido tenía toda la pinta de convertirse en uno de esos acontecimientos raros que hacen, a veces, tan apasionante el fútbol: que el campeón del mundo y de Europa comenzara la defensa de su buen nombre y tronío rumbo a Brasil con un miserable empate en Tiflis ante un miserable rival (futbolísticamente hablando). Y a Dios gracias, porque la cosa aún pudo ser peor para el combinado estatal si Amusulashvili, al poco de iniciarse la segunda parte, acierta a batir al portero madrileño. El balón percutió sobre la cepa del poste y los espectadores pudieron dar testimonio de que, efectivamente, Casillas jugaba con los rojos.
Pero la selección española tiene un prestigio ganado a pulso, porque sus jugadores son muy buenos. Y el entrenador posee intuición, entre otras cosas, por eso ha llegado hasta donde ha llegado. Intuición para darle una oportunidad a Soldado, ausente de la Eurocopa, apostando por un 9 puro, como titular; y luego optando por cambiar a Pedro por Busquets y a Cesc por Arbeloa, mullidores de la jugada que se convirtió en el gol, anotado por el delantero valenciano; los tres puntos y a otra cosa, cuando el asunto se estaba poniendo realmente turbio.
Porque Georgia optó por un defensa a ultranza que aguantó estoicamente las arremetidas de la escuadra hispana o los devaneos de Iniesta, Silva o Xavi Hernández para buscar una grieta en roca tan dura.
Pero después hincar el diente en tan áspero pellejo, el impetuoso Ramos estuvo a punto de pifiarla cometiendo un penalti allá por el minuto 94, en tiempo añadido, merced que no tuvo a bien conceder el versallesco Svein Oddvar Mone, el árbitro sueco, lo cual habría dado al partido una dimensión surrealista, porque surrealista habría sido que un equipo tan pobretón, pendenciero y vulgar hubiera arrancado un punto al "mejor equipo de todos los tiempos".
Con susto pero victoriosa, España iniciaba así la defensa del título en un grupo de cinco equipos y con Francia como enemigo a batir. Ahí está la clave, y en no fallar ante los comparsas, como Georgia.
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