El crecimiento de la economía vasca se va a ralentizar en los dos próximos años, pero dentro de una evolución “sólida” y “estable”, con la previsión de que la tasa de paro siga cayendo de forma sostenida. Es parte del mensaje que transmitió el consejero de Economía y Trabajo, Mikel Torres, en una rueda de prensa hoy en la que hizo balance del pasado año y lanzó las estimaciones del Ejecutivo para el presente ejercicio y el que viene, con la industria como “principal foco de preocupación”. 

En concreto, el PIB vasco creció el pasado año un 2,3%, lo que supuso una décima más que el cálculo emitido en septiembre y tres más del divulgado cuando comenzaba 2025. A la espera de que en marzo se publiquen las estadísticas desagregadas sobre los datos de crecimientos por sectores, lo cierto es que la demanda interna, concretada en el consumo privado y las inversiones empresariales, volvió a ser la que propulsó la mejora del Producto Interior Bruto.

El buen ritmo de creación de empleo, con la previsión por parte del Gobierno de generar 25.000 nuevos puestos de trabajo en el balance conjunto del pasado año y en el actual, y las subidas salariales acometidas en los últimos años, están logrando elevar el consumo privado de las familias vascas a fuertes niveles. No obstante, cada vez en más casos se trata de un consumo no elegido, sino forzado por las circunstancias, ya que la inflación acabó el mes de diciembre en un porcentaje del 2,9% -un 1% más que la media de la Eurozona-, con una cesta de la compra que ya no va a regresar a los niveles de antes de la pandemia. Desde el final de esa crisis, los alimentos han experimentado un encarecimiento medio de alredor del 35%. De esta forma, el consumo creció en Euskadi el pasado año un 2,5% y la inversión un 3,8%, por encima del conjunto de la economía.

El consejero de Economía subrayó, de hecho, que la demanda interna ha sido el “principal motor” de la economía, con la inversión y un mercado laboral “robusto, en máximos históricos”. Además, estas tendencias locales se inscriben dentro de un contexto internacional mundial “marcado por la incertidumbre geopolítica y comercial” en el que la economía mundial ha seguido avanzando a lo largo del pasado año con un crecimiento que, sin embargo, “no es uniforme”.

Torres señaló que el crecimiento de la economía de la CAV, -que fue del 0,5% en el cuarto trimestre de 2025 y un 2,4% interanual- ha sido “sólido, estable y sostenido”, apoyado en bases internas “equilibradas”. Para este año, el crecimiento esperado es del 1,9%, mientras que para el que viene es del 1,6, “en línea con la progresiva moderación del crecimiento de las economías avanzadas”. En Europa, factores como la inflación y el paro se sitúan bajo control, pero la falta de crecimiento y la pérdida de confianza de diversos sectores sociales en la evolución económica -y también política- del continente están teniendo un efecto pernicioso.

De esta forma, existen diversos baremos que no están siendo positivos. A falta de que se confirmen los datos anuales, el VAB (Valor Añadido Bruto) de la industria apenas creció un 0,2% en el tercer trimestre y un 0,3% en el conjunto del año, lo que ratifica que este sector acentuó el pasado año el parón en que está desde 2024.

Esta caída ha convertido a la industria es el “principal foco de preocupación” de la economía vasca, expuso Torres. No obstante, el consejero se mostró “razonablemente optimista” de cara a 2026, año en el que se espera una “recuperación gradual del sector industrial”, de la que ya “se empiezan a ver señales”. En concreto, prevé un crecimiento del 1%. Pero para ello será necesaria una mayor recuperación de toda la industria europea y que se asienten todas las transformaciones en marcha, además de que los precios de la energía sigan contenidos, unas variables que no serán sencillas de cumplir.

Además, para la economía vasca es esencial recuperar de nuevo la pujanza en el sector exterior, ya que las exportaciones se están resintiendo de la falta de certezas en Europa. Así, Torres destacó que el sector exterior es el que ha seguido “lastrando” la actividad y ha actuado como “un freno” para un mayor crecimiento de la economía vasca, con una aportación negativa, todo ello producido por la “debilidad” de los principales socios comerciales, como Francia y especialmente Alemania, y al aumento de las tensiones internacionales.

Por otra parte, según las previsiones emitidas a fines del mes pasado por el propio Ejecutivo, los servicios seguirán siendo el principal eje del crecimiento, con avances previstos del 2,2% en 2026. La construcción se consolidará como el sector más dinámico, con una mejora estimada del 2,7% este año, impulsada por la ejecución de infraestructuras y la demanda residencial. Por último, el sector primario de Euskadi continuará mostrando una cierta volatilidad, con una ligera recuperación (0,4%) a lo largo del presente año. 

En lo que respecta al mercado de trabajo, la tasa de paro seguirá en descenso hasta el 6,4% este año y en 2027 alcanzará niveles inferiores al 6%, mientras el empleo continuará aumentando. Sin embargo, lo hará a un ritmo más moderado, con una subida de alrededor del 1,1% en 2026. En concreto, se espera la creación de 11.000 empleos a lo largo de 2026 y otros 8.000 el año que viene. Esta evolución, según el vicelehendakari, “refleja la mejora estructural del mercado laboral vasco, así como un crecimiento contenido de la población activa”.

El consejero explicó que “la salida hacia la jubilación de varias generaciones se verá compensada por la incorporación de trabajadores procedentes de fuera de Euskadi, lo que permitirá mantener una base laboral estable”. Torres quiso poner el acento en los indicadores sociales porque “no todo son cifras económicas” y la justicia social es “una columna vertebral de todas las políticas del Departamento”. En este sentido, apuntó que los últimos datos confirman que Euskadi mantiene el menor riesgo de pobreza del Estado, “con solo un 14,8% de la población en situación de vulnerabilidad”.