Los japoneses no se lo creen

21.03.2020 | 00:26

La decisión de continuar con las fechas de los Juegos, que deberían arrancar el 24 de julio, no convence en Japón. Ayer comenzó el recorrido de la llama olímpica por suelo nipón

los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, llamados a ser un momento de orgullo para el país anfitrión, se han convertido en un foco de incertidumbre para los japoneses frente a la decisión del COI de continuar los preparativos para las fechas programadas pese a la pandemia del coronavirus. "Los Juegos deberían posponerse por la pandemia", indica Minami Yoshida, economista de 24 años de Saitama, que además señala con preocupación la necesidad de estimular la economía para cubrir las pérdidas que esto pudiera suponer.

Siete de cada diez nipones no ven posible que los Juegos Olímpicos se celebren entre el 24 de julio y el 9 de agosto, según una encuesta publicada por la agencia local Kyodo tan solo un día antes del comunicado en el que el COI apostó por mantener los preparativos para esas fechas. "La selección de los atletas para representar a cada país no está finalizada todavía. Muchas iban a acabar en torno a abril y mayo... Ese proceso está jodido por el covid-19", expresa Toshio Matsushima, empresario de 65 años natural de Hiroshima, en referencia a la larga lista de cancelaciones y retrasos de torneos clasificatorios preolímpicos por culpa del brote.

Matsushima, que en un principio apostaba por su celebración en las fechas programadas, recuerda que los Juegos de 1964, también en Tokio con gran éxito cuando él tenía solo nueve años, tuvieron lugar en otoño. "El 10 de octubre de 1964 hicimos la ceremonia de apertura con todos los atletas representantes de cada país. Quizás sería mejor aplazarlos hasta la misma fecha que los de 1964", reflexiona.

La incertidumbre respecto al posible retraso de los Juegos Olímpicos se ha visto agravada por una cláusula del contrato de compra-venta de las entradas para las competiciones que establece que en caso de cancelación por "fuerza mayor", entre las que se incluye una emergencia de salud pública, la organización no devolvería el dinero pagado.

Aunque el retraso parece más probable que la cancelación, los poseedores de las más de 3,2 millones de entradas para los Juegos ya vendidas temen perder el dinero invertido en ellas, entre los 2.020 yenes (unos 17 euros) por la más barata y los 220.000 yenes (unos 1.860 euros) por la más cara.

"No creo que sea inteligente celebrar los Juegos como si nada en esta situación", opina Kiichi Yamamoto, fotógrafo tokiota de 25 años, que enfatiza que se trata de "un problema internacional" que deberán solucionar desde el Comité Olímpico Internacional y no únicamente desde la organización japonesa.

Como muchos otros de sus compatriotas, Yamamoto cree que, finalmente, el COI cambiará de opinión y pospondrá los Juegos a un momento más propicio para su celebración. Pese a ello, el Comité Olímpico Internacional decidió el pasado martes seguir adelante con las fechas previstas e hizo suyas las palabras del primer ministro japonés, Shinzo Abe, sobre "celebrar los Juegos como prueba de que la humanidad puede vencer al nuevo coronavirus".

Sin aglomeraciones En medio de la incertidumbre en el país organizador, la llama olímpica llegó ayer a Japón en un avión especial que aterrizó en la base militar aérea de Matsushima, donde se celebró una ceremonia de bienvenida de escala reducida por el nuevo coronavirus. Tras el encendido del pebetero, el Blue Impulse, o Escuadrón 11, el grupo de vuelo acrobático de las Fuerzas Aéreas de Autodefensa japonesas, dibujó los anillos olímpicos entre las nubes y claros del cielo.

La llama olímpica será expuesta al público durante una semana en varias de las localidades del nordeste nipón más castigadas por el terremoto y el tsunami de 2011, antes de comenzar un relevo de 121 días durante el que el comité organizador ha pedido al público que se abstenga de aglomerarse para verla.

Según una última encuesta local, siete de cada diez japoneses no ven posible la celebración de los Juegos por el coronavirus

Los poseedores de las más de 3,2 millones de entradas ya vendidas para Tokio temen perder el dinero invertido en ellas