34 puntos de sutura y a la final

La selección española de balonmano se toma la revancha ante Eslovenia y luchará con Croacia por el oro del Europeo de Austria, Suecia y Noruega

25.01.2020 | 06:20
Mackovsek trata de evitar un lanzamiento de Julen Aginagalde durante el partido.

España34

Eslovenia32

ESPAÑA: Pérez de Vargas, Entrerríos (6), Dujshebaev (6), Aginagalde (2), Solé (2), Cañellas, Ariño, Maqueda (2), Ángel Fernández (6), Sarmiento (3), Morros (1), Guardiola (2), Aleix Gómez (4) y Goñi.

ESLOVENIA: Ferlin, Kastelik, Blagotinsek (5), Janc (6), Dolenec (7), Cinsegar (4), Bombac (1), Mackovsek (3), Henigman (2), Kodrin (1), Zarabec (2), Zabic y Cehte (1).

Parciales: 2-2, 4-4, 7-7, 22-9, 16-13, 20-15; 22-17, 24-20, 27-24, 29-25, 32-28, 34-32

Árbitros: Horacek y Novotny (Rep. Checa). Excluyeron a Entrerríos, Cañellas y Guardiola por España: y a Mackovsek, Kodrin, Cehte y Dolenec por Eslovenia.

Incidencias: Unos 6.000 espectadores en el Tele2 Arena de Estocolmo.

Bilbao - Qué ganas le tenía la selección estatal de balonmano a Eslovenia. Casi cuatro años después de que los balcánicos dejaran a los de Jordi Ribera sin los Juegos de Río, con una dolorosa derrota sufrida en el preolímpico de Malmoe, España se cobró la venganza. Ganó con solvencia y se metió en la final del Europeo de Austria, Suecia y Noruega, donde mañana (16.30 horas) se medirá de nuevo ante Croacia, pero este vez por el oro continental. El combinado estatal cicatriza así una herida que lleva cuatro años abierta, sangrante, gracias a un armónico juego colectivo, una tremenda defensa y, lo más importante, 34 puntos de sutura que cierran el corte profundo del grupo dirigido por Ribera. Además, mañana España tendrá la oportunidad de sellar su presencia en los Juegos de Tokio, sin paso por el temible preolímpico; puesto que el oro europeo va acompañado por el billete olímpico directo.

Tantas ganas le tenía la selección estatal a Eslovenia que empezó el encuentro precipitada. Algo inusual. Dujshebaev, Maqueda y Cañellas se atropellaron y fallaron lo que no suelen fallar. Por eso, los dos primeros goles de España llegaron en apenas 20 segundos de diferencia, pero tras casi cinco minutos sin ver puerta. Dos recuperaciones, dos contraataques, dos goles. Y los de Ribera empezaron a carburar. El 6:0 que ya le hizo campeona en el pasado Europeo cogió confianza y, a pesar de que la defensa balcánica se movió bien, el ataque estatal encontró soluciones. Con calma, el encuentro fue colocándose por el camino que quería España. Aprovechó una superioridad numérica para irse dos arriba. La precisión quirúrgica de Maqueda le permitió ponerse a tres. Eslovenia pidió tiempo muerto. Quería parar el arrebato de calidad rival, pero los de Ribera siguieron cosiéndose la antigua herida. En el final del primer tiempo funcionó la defensa y el contraataque. Funcionó hasta la portería. Así, la selección estatal logró marcharse al descanso cinco arriba (20-15).

momentos de incertidumbre En la segunda mitad, España protagonizó una lluvia de pases. Jarreó en Estocolmo y esa tormenta pareció apagar la luz del ataque de Eslovenia. El guardameta balcánico juraba desde su portería. Impotente. Pero todo fue un espejismo. Porque los eslovenos no se dieron por vencidos. Siguieron en el partido. Los cinco tantos de ventaja se rebajaron a cuatro y España jugaba con un ojo en el marcador. En el tiempo que quedaba. El cansancio, o quizá la comodidad de un encuentro sencillo, fue haciendo mella y el rendimiento de la defensa estatal bajó. Eslovenia lo aprovechó y en el minuto 57 ya estaba a tan solo dos tantos. El fantasma de lo ocurrido ante Croacia, donde los de Ribera desperdiciaron una ventaja de cinco goles para terminar agradeciendo el empate a 22, apareció en el pabellón de Estocolmo.

Sufrimiento. A falta de minuto y medio para el bocinazo final, Cañellas se precipitó y cometió pasos. El balón fue para Eslovenia, que lo aprovechó y se puso a un gol. El seleccionado estatal no daba crédito. Nadie supo cómo un partido controlado terminaba con los balcánicos esperando un fallo estatal para empatar. Porque el último ataque del partido fue para España, que movió el balón con paciencia. Con experiencia. La amenaza de pasivo no le alteró y justo cuando los colegiado se llevaron el silbato a la boca para penalizarles, Dujshebaev se sacó un zurdazo de la nada. Imprevisible. Imparable. Y España se quitó de golpe el sufrimiento para meterse en su tercera final consecutiva de un Europeo.