Atlético de Madrid 1 - Granada 0

El Granada, en clave de copa

Correa y la inspiración de Oblak dan al Atlético un triunfo vital ante un rival que hizo muchas rotaciones

09.02.2020 | 06:22
Correa se queja de un golpe ante Foulquier y Koke.

ATLÉTICO DE MADRID: Oblak; Vrsaljko, Savic, Hermoso, Lodi (Min. 59, Carrasco); Marcos Llorente, Koke (Min. 86, Lemar), Thomas, Saúl; Vitolo (Min. 86, Toni Moya) y Correa.

GRANADA: Aarón; Foulquier, Domingos Duarte, Martínez (Min. 74, Carlos Fernández), Víctor Díaz; Eteki, Yangel Herrera (Min. 59, Gil Dias); Vadillo (Min. 59, Antonio Puertas), Azeez, Ismail; y Soldado.

Gol: 1-0: Min. 6; Correa.

Árbitro: Soto Grado (C. Riojano). Amonestó a los locales Koke, Thomas, Vrsaljko y Vitolo y a los visitantes Yangel Herrera, Soldado, Foulquier, Duarte y Víctor Díaz.

Incidencias: W. Metropolitano, 56.000 espectadores.

madrid - Después de tres jornadas, el Atlético de Madrid reencontró la victoria y el rumbo en la Liga frente al Granada, que hizo muchas rotaciones pensando en la semifinal copera ante el Athletic del próximo miércoles, de nuevo agarrado a sus dos valores más indudables en el presente: el argentino Ángel Correa, goleador de nuevo, y el esloveno Jan Oblak, salvador una vez más para retener otro triunfo.

Desde el 1-0 del atacante, fruto de la presión tremenda con la que abordó el conjunto madrileño los primeros diez minutos, a la intervención definitiva del portero, cuando se sentía al filo del empate, también en el único remate entre los tres palos de su adversario, el Atlético mantuvo la inconstancia en la que vive.

El inicio fue lo mejor de su partido. Recuperó una de sus señas más reconocibles de tiempo pasados: la potente puesta en escena, mientras encuentra otras cualidades, mucha más destreza y, en suma, mucho más fútbol.

Salió el Atlético con uno de esos inicios ingobernables para sus rivales, superado por la intensidad. Desde ahí -duró los primeros diez minutos- construyó la victoria que exigía sus aspiraciones, el triunfo horas antes del Getafe y el propio ánimo de un grupo golpeado por unos resultados que ni en sus peores cálculos habría intuido. En seis minutos, el 1-0. Lo marcó Correa, cuya revalorización actual es indiscutible. Ha sido un elemento esencial en ocho de los últimos diez goles de su equipo, bien como asistente (3) o bien como definidor (5). El gol surgió desde el saque de banda de Saúl, del giro posterior y el pase definitivo de Koke, de vuelta al equipo cinco partidos después -y se notó- y de la desatención de la defensa del Granada, que se despistó cuando el panorama invitaba a todo lo contrario, cuando el Atlético insistía a tope en la búsqueda del primer tanto.

La ráfaga, premiada con el 1-0, le puso por delante ante un partido que derivó después en una secuencia de choques y faltas; en una batalla de alta intensidad por cada pelota.

Sólo hubo otra ocasión más en el primer tempo. De Vitolo, que, a falta de referencias de delanteros, fue el faro que buscó el Atlético en cada salida. Tiene condiciones también el extremo para jugar ahí, porque protege el balón como nadie y porque tiene desborde para irse de cualquiera.

En la segunda parte el Granada, ante tanto espacio, se fue hacia arriba como nunca lo había hecho antes. Y asustó de verdad. Ya había perdido indudablemente el Atlético el control del partido, quizá porque ya había perdido también la referencia arriba de Vitolo, escorado ya la izquierda.

Después, entre pitos, entre una evidente inquietud defensiva, el equipo madrileño sintió de nuevo el miedo, con aún un mundo por delante, pero también con la garantía de Jan Oblak, que personifica de nuevo el porqué retuvo el triunfo el Atlético: su sensacional parada en el minuto 72 a Soldado. Otra victoria en sus manos.