bilbao. A las nueve de la mañana está Samuel Sánchez (Oviedo, 1978) sentado solo y aburrido en algún lugar del aeropuerto de Barajas, escala en su viaje a Murcia, donde hoy estrena su décimo cuarta temporada profesional. Todas las ha hecho en Euskaltel-Euskadi, con lo que supera en una a Roberto Laiseka, que tuvo que retirarse en 2006 por aquella maldita caída en el Giro que casi le cuesta la pierna cuando cubría su décimo tercera campaña en el conjunto vasco. Mientras espera en el aeropuerto, Samuel acepta viajar un rato por la memoria.
Al año 2000.
Fue mi primera temporada y la primera vez que vestíamos de naranja. Nos presentamos en el Kursaal. Antes, fuimos al hotel y en la habitación teníamos una maleta llena de ropa. Había un montón de cosas. De todo y el doble que en aficionados. Para mí aquello era un lujo.
¿A quién admiraba?
Todos mirábamos a Roberto (Laiseka, que el año anterior había ganado la etapa de la Vuelta en Abantos) con admiración. Lo que pasa es que él siempre fue un ciclista muy cercano. Le caracterizaba ese desparpajo que le hacía acercarse a los jóvenes como a uno más para integrarles en el equipo. Lo hacía siempre metiéndose con nosotros. Me acuerdo que nos decía: "A ver tú, joven, ¿qué vas a ganar este año? ¿Lo que ganabas en aficionados lo vas a ganar aquí?". Era su manera de dar la bienvenida.
¿Le recibieron bien?
Sí, sí, por supuesto. A mí y a todos los que llegábamos de aficionados. En aquel equipo había mucha gente que llevaba tiempo en el equipo y que sabía lo que significaba para un chaval estar allí. Nos ayudaban. Recuerdo a Alberto López de Munain, a Flores y, sobre todo, a Ramontxu González Arrieta. Era el que más me llamaba la atención porque había corrido con Indurain. Luego, durante la temporada, me tocó hacer mucha habitación con él. Es de los ciclistas de los que más manías positivas he aprendido.
Cuente, cuente...
Él tenía la manía de quitar la sábana bajera de la cama nada más llegar al hotel porque da mucho calor por la noche. También lavaba los calcetines a mano, yo cogí esa costumbre y aún lo sigo haciendo. Y me enseñó que lo primero que tiene que hacer un ciclista al acabar una etapa es comer.
¿Qué quería ser cuando llegó a Euskaltel?
Antes de correr la primera carrera soñaba con lo más grande. Pensaba en correr el Tour, brillar, ganar... En Mallorca me puse mi primer dorsal, me quedé en el primer látigo y empecé a cambiar los objetivos rápidamente.
Dejó de soñar.
Aterricé y me volví algo más realista.
¿Le costó digerirlo?
No porque entendí rápido que lo mejor era marcarse metas más realistas. Primero acabar una carrera y luego, lo demás. Me costó entrar, pero cuando cogía la forma era un ciclista rapidillo y ese año ya hice puestos de honor en bastantes carreras. Entonces empecé a pensar que podía ganar alguna cosilla.
¿Era curioso? ¿Preguntaba mucho a los veteranos?
Hablaba mucho con Ramón. Yo era un ciclista de la generación Indurain, de los que crecimos viéndole ganar los Tours. Por eso, sentía mucha curiosidad por todo lo que rodeaba a Miguel. A Ramontxu le volvía loco a preguntas: que qué hacía en invierno, en qué peso se presentaba en la primera carrera, cómo trabajaban para él en el Tour... Todas esas cosas. Y él solo me respondía que con Miguel era todo facilísimo, que llegaba y siempre andaba, que casi ni hacía falta hacer las reuniones de antes de las etapas.
Usted quería ser Indurain.
No, no, era un crío, pero ya sabía que eso era imposible. Lo que quería era saber qué cosas hacía él para ser el mejor. Aquel era un ciclismo diferente. En aquellos años no había los avances que hay ahora. Apenas se sabía lo que era un potenciómetro y no hacía mucho que se habían empezado a utilizar los pulsómetros. Era un ciclismo de sensaciones, poco calculador, más épico quizás.
¿Mejor?
Distinto. Antes todos entrenábamos por sensaciones y el que mejor conocía su cuerpo era el que más rendimiento sacaba. El ciclismo que hay ahora es matemático, mandan los números. Todos vamos con un cronómetro en la mano, el pulsómetro, el potenciómetro... Eso puede llegar a agobiar, mientras que antes se disfrutaba más del entrenamiento. Se salía en grupo. Ahora el ciclista es muy individual. Cada uno tiene su planificación, su ritmo y son pocos los días que no pasas solo entrenando.
Eso se ha perdido, ¿como la admiración por los ciclistas?
Antes de retirarse, Ramontxu me dijo que me preparase, que lo íbamos a pasar muy mal. Ahora sé a lo que se refería. El ciclismo se ha degradado, sobre todo a nivel económico.
Por culpa del dopaje.
No ha ayudado en nada, pero no podemos quedarnos estancados en el pasado. Está bien que se cuente lo que ha ocurrido y se sepa para que no vuelva a suceder, pero debemos estar centrados en el presente y en el futuro, por todos los chavales que siguen queriendo ser ciclistas. Si no, corremos el riesgo de morir.
¿Echa de menos a alguien?
Me faltan en el pelotón muchos compañeros con los que he compartido vivencias. Pero ahora mismo, la persona a la que más echo en falta es a Víctor Cabedo. Tenía mucha relación con él y su muerte es algo que me está costando asimilar.
De su generación, del 78 y por ahí, apenas quedan corredores.
Algunos resistimos, pero no vamos quedando muchos. Es ley de vida.
¿Esperaba aguantar tanto?
Sinceramente, sí.
¿Recuerda todas sus victorias? Sí.
¿Y las derrotas?
Mejor que las victorias. Los errores no se pueden olvidar porque es de lo que se aprende.
¿Le ha faltado algo por conseguir en lo que lleva recorrido?
Esa pregunta es para Contador, que lo tiene casi todo. A mí me faltan muchas cosas, pero a cada cual hay que valorarle en su nivel. De todo a lo que aspiro, quizás me falte una vuelta grande, subirme al podio del Giro y ganar allí una etapa.
¿Necesitaba el Giro, algo diferente, como motivación?
No, me motiva todo. Si hubiésemos elegido ir al Tour me motivaría igual. Para mí cada uno de estos catorce años ha sido un reto diferente, aunque haya tenido el mismo calendario.
Catorce temporadas después, usted es el referente de los chavales que llegan al equipo. ¿Se identifica con alguno?
No especialmente. Veo gente con mucho futuro y recorrido en profesionales, pero les queda camino. A los chavales de ahora a veces les veo que tienen prisa y es un error. No puedes llegar a ser lo que no eres en poco tiempo. Hay que atender, mirar y escuchar para aprender la profesión. Si lo hacen, si son pacientes, hay en el equipo unos cuantos corredores jóvenes que en dos o tres años van a estar peleando por carreras importantes.
Galdeano suele decir que a los ciclistas vascos se les magnifica demasiado pronto.
Estoy de acuerdo. Se habla mucho de ellos a muy temprana edad sin haber hecho nada. Hay que quitarles esa presión innecesaria con la que nos corresponde cargar a nosotros, los mayores. Si no lo hacemos así, estamos perjudicando a esos chavales que pueden llegar a creerse lo que no son, encontrarse con un año en el que no andan lo que piensan, venirse abajo y dejar la bicicleta. Ha pasado otras veces.
¿Son diferentes los jóvenes de ahora?
No, la juventud es la juventud. Lo que pasa es que son otros tiempos.
¿Les sermonea?
Les digo lo que pienso. Por ejemplo, una cosa que le dije a Igor (Antón) cuando empezó a despuntar es que él tenía un don para la escalada y que tenía que explotarlo. Que no dejase que hiciesen de él lo que no iba a ser nunca. Que no perdiese su esencia. Que se fijase en corredores de su estilo. En Laiseka, por ejemplo, que supo explotar lo buen escalador que era para ganar una etapa en el Tour y tres de la Vuelta. A Igor le dije siempre también que tuviese paciencia, que fuese quemando las etapas a su debido tiempo. Es lo que más repito ahora a los jóvenes que llegan.
Usted ha crecido a la vez que Euskaltel-Euskadi.
Ha cambiado mucho. El punto de inflexión, seguramente, fue la primera vez que ASO nos invitó al Tour, en 2001. A partir de ahí fue otra cosa. Se compraron los autobuses, se empezó a hacer un calendario internacional, llegaban éxitos importantes y los corredores sentíamos que éramos más respetados, que nos tenían en cuenta. Aquel primer Tour fue la gran revolución del equipo.
Hasta la llegada de extranjeros.
Es el cambio más gordo de la historia de Euskaltel. Pero viene obligado por la internacionalización del ciclismo. Se nota que ahora es distinto, pero era necesario. De la otra manera, el equipo no habría tenido recorrido por las exigencias del World Tour. Había que adaptarse.
Usted se hizo ciclista gracias a la filosofía de este equipo.
Creo que no hay que ser tan drástico. También se puede pensar que si no se llega a adoptar esta medida y el equipo desciende a continental profesional, igual no había sitio para que llegasen Aberasturi y Gari Bravo, dos corredores de la cantera vasca. Creo que la forma de ver el asunto es que los extranjeros van a aportar cosas al equipo y que la filosofía sigue siendo la misma.