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Hamilton lo rompe, Hamilton lo arregla

El Bilbao Basket, con el 'destructor' Lamont como mascarón de proa, desarbola al Unicaja a base de intensidad defensiva y fluidez en ataque

Hamilton lo rompe, Hamilton lo arreglaDavid de Haro

Bilbao Basket 82-65 Unicaja Málaga

bilbao. En la ya no tan corta pero siempre intensa historia del Bilbao Basket los ojos de sus incondicionales han presenciado de todo. Desde éxitos sonados a alguna que otra decepción; canastas siderales en aro ajeno y punzadas sobre la bocina en corazón propio; acciones soberbias repletas de mérito y también un puñado de pifias -el que esto escribe aún recuerda un triple sobre la bocina desde su canasta de un exjugador bilbaino que acabó impactando en uno de los altavoces suspendidos del techo de La Casilla-. Pero siempre queda algo por ver, algo sorprendente que guardar en el baúl de los recuerdos para poder mentarlo en el futuro en los corrillos, y el duelo de ayer tiene ya un lugar destacado en esa recopilación de greatest hits de los hombres de negro: será, para el resto de los días, el partido del tablero de Hamilton. Faltaban seis minutos para la conclusión del segundo acto cuando el hiperactivo pívot de Brooklyn se lanzó a tumba abierta, como si no hubiera mañana, a machacar un lanzamiento suyo que el hierro había escupido previamente. Tal fue la rapidez y la potencia con la que agarró y soltó el aro que el tablero no pudo resistir semejante acometida y acabó rajándose en mil pedazos. Se cargó Lamont la canasta, pero 32 minutos después, cuando el choque pudo reanudarse, él mismo arregló el partido, siendo el mascarón de proa de una embarcación lustrosa, potente y versátil que sometió al enrachado Unicaja Málaga con todas las de la ley para dar continuidad a una trayectoria deportiva que discurre por senderos rectos y perfectamente iluminados.

El Bilbao Basket ha encontrado una joya en Lamont Hamilton y lo ha convertido en un arma de destrucción masiva. Flota como una mariposa con esa rapidez de pies que le convierte en muy difícil de frenar y pica como una abeja con su capacidad para jugar de espaldas al aro o superar por velocidad a su par y su tino desde la línea de tiros libres. Pero, además, ofrece mucho más que capacidad resolutiva en ataque, pues es de esos jugadores que están en constante movimiento, siempre en acción. Se impulsa a por cualquier rebote, no da un balón suelto por perdido aunque ello le lleve a estamparse contra el suelo y siempre es una amenaza de eclipse cuando un rival osa colarse en su área de influencia. Ayer brilló en todas estas facetas. Solo le faltó ejercer de operario en las labores de sustitución del tablero que él mismo destruyó.

Con Lamont como arponero principal, la embarcación bilbaina surcó con precisión y brillantez el siempre temible oleaje que supone medir fuerzas con el Unicaja Málaga. Los de Jasmin Repesa aguantaron la mirada de los anfitriones hasta el descanso, pero tras retornar de vestuarios se vieron obligados a bajarla porque en la cancha se jugó en todo momento a lo que el Bilbao Basket propuso, lo que habla muy bien de la pizarra de Fotis Katsikaris. Tenían los andaluces ventaja teórica en la lucha de torres, con cinco efectivos contra una rotación interior bilbaina debilitada por la ausencia de Adrien Moerman, pero apenas utilizaron este recurso. Así, los hombres de negro acabaron imponiendo su colosal intensidad defensiva y un juego de ataque repleto de filo y de variedad para acabar desarrollando un partido de muchísimos quilates que desembocó en un rutilante triunfo basado en la actuación coral.

Partidos como el de ayer demuestran que no es necesario jugar al galope para mover con fluidez los guarismos del marcador. Basta con hacer circular el balón con soltura, saber ponerlo con criterio en situaciones ventajosas y contar con recursos versátiles. El Bilbao Basket cuenta este año con todas estas armas, tanto surtidores como finalizadores, y ayer, en el mejor partido del presente curso, se pudo comprobar lo que este equipo puede llegar a ser. Nikos Zisis repartió juego con una pasmosa clarividencia, Raúl López impuso siempre el ritmo más conveniente y entre ambos facilitaron la vida a sus compañeros. Hamilton y Milovan Rakovic dispusieron de un excelente servicio de catering para sacar de quicio a todos los pares que Repesa les puso delante y, cuando las vías interiores se colapsaron, las muñecas de Kostas Vasileiadis y del propio Raúl hicieron acto de presencia en perfecto estado de revista. Y si el GPS ofensivo marcó siempre la ruta indicada, la telaraña defensiva compareció con una frondosidad que dejó sin voz a los gallos de Unicaja. Con Axel Hervelle y Roger Grimau multiplicándose como titanes, imponiéndose en el cuerpo a cuerpo y bloqueando las vías de suministro, y Álex Mumbrú capturando rebotes por doquier, el nivel de intensidad marcado por los anfitriones fue inabordable para los andaluces, que al final tuvieron que ampararse en las individualidades de Marcus Williams, escaso bagaje ante un enemigo envalentonado que navegaba viento en popa a toda vela.

ritmo e intensidad El partido nació con grandes dosis de ritmo e intensidad desde el salto inicial, siendo la igualdad la tónica dominante en los compases iniciales. El Bilbao Basket encontraba vías de anotación con la conexión entre los bases y Hamilton, mientras que Unicaja respondía activando a Luka Zoric. Eran los anfitriones los que llevaban la voz cantante, aunque con ventajas cortas, pero las dos faltas cometidas por Lamont y por Rakovic en el acto inicial sembraban algunas dudas. Poco cambió el dibujo del encuentro hasta la rotura del tablero. Tras el obligado parón y los ejercicios de los jugadores para no quedarse fríos -los visitantes pudieron tirar a canasta, pero los anfitriones, huérfanos de aro, tuvieron que limitarse a corretear y a estirar-, los hombres de negro retornaron a la acción mucho más atinados y los buenos minutos de Hervelle y Grimau estiraron el marcador hasta un esperanzador 38-31.

Y lo mejor estaba aún por llegar. A vuelta de vestuarios, Hamilton pareció querer compensar a los asistentes al Bilbao Arena por el interruptus del tablero y cuajó cinco minutos de auténtico ensueño. Nueve brillantes puntos con su firma -incluido un mate que provocó un gran murmullo en el graderío por si la canasta volvía a saltar por los aires- dibujó un colosal 53-38 contra el que Repesa activó una defensa zonal 2-3 que a los locales les costó atacar, aunque su excelente desempeño defensivo les permitió alcanzar los diez minutos finales con un solvente 57-43 a favor. Huérfanos de un plan ofensivo colectivo que desactivara la alarma, los de Repesa fiaron su suerte a las individualidades del funambulista Williams. El estadounidense acercó a los suyos hasta el 61-52, pero el Bilbao Basket no quería ayer otro final agónico. Katsikaris activó a Raúl y el de Vic demostró a Marcus lo que es tener clase. Canastita de cinco metros sobre la bocina a lo Montepaschi, triple frontal limpio y los malagueños se quedaron sin recursos, más aún cuando Vasileiadis y Hervelle se unieron a la fiesta para aumentar la ventaja a los 20 puntos a tres minutos del final.

El pescado estaba ya vendido. Unicaja maquilló fugazmente el resultado, pero el Bilbao Basket quería la guinda a su extraordinario trabajo y no bajó los brazos hasta el final. Al final, el choque se cerró con triple y saludo militar de Kostas a un público que recordará durante años el partido del tablero de Hamilton, aquel en el que Lamont rompió una canasta para arreglar posteriormente un partido que coloca terceros a los hombres de negro, un plantel que sube sus prestaciones cada semana que pasa y al que todavía se le ve margen de mejora.