SU cuerpo, que hasta hace bien poco huía del músculo, lo sujetan dos alambres, finos, tiesos, sin apenas curvas porque casi carece de gemelos. Su larguirucho y delgadísimo esqueleto sustenta la maquinaria del futuro -muy posiblemente en el maratón-, la potencia, el talento, la ligereza de una pluma. Alemayehu Bezabeh (Addis Abeda, Etiopía, 1-I-1986) es el favorito para conquistar el Campeonato de Europa de Cross por equipos que se celebra el domingo en Bilbao: "Quiero ganar", destaca con ambición. Ya sabe lo que es ser campeón continental de campo a través, lo fue en Dublín en diciembre de 2009. Sabe también lo que es participar en unos Juegos Olímpicos, lo hizo en Pekín en agosto de 2008, donde logró colarse en la final. Pero es en el porvenir donde se descubre el ingenio de este atleta nacionalizado español hace dos años. "Voy a luchar a muerte por conseguir una medalla olímpica", afirma Bezabeh. Virtudes supremas no le faltan al atleta de un atípico chasis de 1,80 nacido para correr.
Su historia comienza con los sueños cálidos de un niño que crece ante la grandeza de una tierra de fortaleza física. "Desde pequeño en la escuela sabía que quería dedicarme al atletismo", cuenta. "Tenía la referencia de mi hermano mayor, el cual fue un gran atleta, llegó a correr el maratón en dos horas y nueve minutos y ahora se ha retirado a vivir a Australia", añade.
Bezabeh tenía claro que para cruzar sus metas debía ir a Europa. En 2004 llegó a Barcelona como un inmigrante más. Con el petate austero. Con lo justo. Pero este etíope no se vio obligado a dormir en la calle durante un mes, como se ha llegado a decir. "Es absolutamente falso. Algún periodista, cuando yo no sabía prácticamente nada de castellano, inventó esa historia. Efectivamente una noche de septiembre me quedé con unos amigos de Etiopía hablando y dormimos en el parque, pero eso fue solamente una noche y porque quisimos", explica el de Addis Abeda.
La Ciudad Condal no se ajustaba al afán de Bezabeh, que optó por trasladarse a Madrid en búsqueda de gasolina para sus fibrosas piernas: "Al no haber muchas competiciones en Barcelona, decidí ir a Madrid, donde me habían dicho que tendría más posibilidades, aparte de que también vivían unos conocidos de Etiopía". Es allí donde sí recurre a la ayuda del centro de acogida de la Asociación Karibu. "Estuve una semana viviendo en un pequeño piso y luego me dijeron que había una asociación que tenía una residencia y que ayudaba a la gente que llegaba a la ciudad. Estuve tres semanas viviendo allí", describe Bezabeh.
Y llegó la oportunidad de engrasar las piernas, de revolucionar el mecanismo portentoso del atleta, de pulir el diamante: "Fikadu Bekele, que pertenecía al equipo Bikila, me llevó allí y me presentó a Isidro López (dueño del club) y a Miguel Ángel Mostaza (su actual mánager)". Las cualidades de Bezabeh encandilaron a ambos. El joven discípulo entró en la dinámica de los entrenamientos, de las carreras y de la competición saturada -toda prueba que había la corría hasta que empezó a dar descanso a sus infatigables armas-. Hasta que se fue silueteando el espigado cuerpo de Bezabeh, también con sesiones de gimnasio, un lugar invisible hasta hace muy poco para él. "No es que me encante, pero entiendo que forma parte de mi preparación y ahí quien manda es mi entrenador, Manuel Pascua". Bezabeh desconocía el sudor de los gimnasios, el esfuerzo de aupar las pesas, la rutina de los estiramientos. "Mi entrenamiento en Etiopía era más natural, con más trabajo aeróbico mientras aquí se hace trabajo físico", subraya el atleta del Bikila.
Disciplinado, metódico y concienzudo: "Yo sé que mi futuro es el atletismo, por lo tanto tengo que ser un profesional al cien por cien". Huye de las distracciones a pesar de sus golosos 24 años -cuando llegó a España ni él mismo sabía su edad y fue la Comunidad de Madrid la que determinó sus años tras mirarle por rayos X la muñeca- y a las 20.30 horas se acuesta porque "trato de llevar una vida acorde a las exigencias de mi trabajo". Un trabajo que dará sus frutos, en forma de títulos, de medallas, y puede que de récords: "Nunca se sabe hasta dónde puede llegar tu cuerpo, pero en eso soy muy realista y, de momento, los récords mundiales están lejos de mis pensamientos".