EL currículum de Andoni Murua como jugador profesional se puede bajar de Internet por aquello de que se trata del nuevo archivo global. De el de Burtzeña se conoce que es el tercer jugador que más goles, 16, ha marcado en Primera División con el Almería, sólo superado por Rolón, futbolista de su quinta, y Álvaro Negredo, en la época moderna. Jugó posteriormente en el Espanyol, dos temporadas, y en el Racing dos más, una en Segunda División. O sea, cinco cursos en la máxima categoría. De ellos, en cuatro compareció en San Mamés como visitante, sin conocer la victoria. Desvela, sin más, que cuando el Almería cayó 5-1 en La Catedral anotó el gol de la honra de su equipo, al mismo tiempo que también batió a Meléndez en la segunda comparecencia del Athletic en el Franco Navarro (1-1).
La distancia también esconde anécdotas desconocidas en su tierra. Andoni Murua tiene varias que contar desde que hiciera las maletas para emprender su primera andadura en el Levante. "Había una costumbre en el Levante de dar un trofeo al mejor jugador de cada partido. Yo creo que conseguí 18. Todos los regalaba porque no me gustaba coleccionar premios", avanza. En el Almería las pasó canutas en los inicios de su tercer año allí, cuando el equipo había retornado a Segunda División. "Algunos jugadores, a vuelta de un partido en Vigo, nos encerramos en la sede de la Federación Española de Fútbol en Madrid tras denunciar al club ante la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles). Entonces, me llamó (José Mari) Maguregi, que entrenaba al Espanyol. Me dijo: "Oye, que aquí tienes las puertas abiertas". Dicho y hecho", expresa.
En Barcelona, le sucedió el imprevisto más llamativo que le podría ocurrir. Data de una tarde de verano de 1982 en un restaurante argentino de la Ciudad Condal. "Había comido allí, ya que conocíamos a los propietarios, que curiosamente eran amigos de Maradona. Dijeron que tenían que ir a buscarle (a Maradona) al aeropuerto y les ofrecí que fueran en mi coche. Recogieron a Maradona y le metieron en mi coche. La imagen salió en todos los medios y casi dio la vuelta al mundo. Imagínate, el Dios dentro de mi Ford Taurus con matrícula de Almería. Cuando posteriormente lo vendí, el concesionario me pagó más del precio normal por el hecho de que Maradona se había montado en él", rememora con una carcajada espontánea.
Murua, que ha superado una operación de corazón, llegó a entrenar a su hijo, Gaxen, cuando éste militaba en el juvenil del Lutxana. Hoy en día, echa una mano en las labores técnicas del San Ignacio femenino, que milita en Primera Nacional, "y con algunas perspectivas de subir a la Superliga". Si fuera así, podría enfrentarse a su hija, Irune, que milita en el Athletic de Iñigo Juaristi. Irune, de 23 años, rezuma rojiblanco por todos los costados. "Con un año ya le daba al balón. Cuando yo jugaba con los veteranos del Athletic, ella venía y llamaba la atención por cómo pegaba a la bola. Ella sí puede decir que ha jugado en el Athletic, y no su aita. Ha sido campeona de Europa y ha disputado un Mundial", dice con el correspondiente orgullo paternal.