Miren Arzalluz, directora del Guggenheim: "Tenemos el reto de entender cómo se quieren relacionar los jóvenes con los museos”
Se cumple un año desde que Miren Arzalluz asumió la dirección general del Guggenheim Bilbao
Miren Arzalluz nos recibe en su despacho del GuggenheimBilbao, que ocupa desde el 1 de abril de 2025, cuando se hizo efectivo su cargo como directora general del museo bilbaino. La historiadora de arte reconoce que la decisión de despedirse de París, donde dirigía el Museo de la Moda para tomar las riendas del Guggenheim, no fue fácil. “Fue una decisión con sus retos, pero una decisión muy bien tomada”, confiesa un año después.
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Se cumple un año desde que ocupó la dirección de este museo. ¿A día de hoy le ha dado ya tiempo a conocer todos los entresijos de esta gran infraestructura cultural?
Yo pensaba que la conocía, pero efectivamente la perspectiva es muy diferente desde fuera y desde dentro. Y hay una necesidad sobre todo de conocer las dinámicas de trabajo, los proyectos y las líneas estratégicas que se han seguido en los últimos años, los equipos, por supuesto... Y, además, también la posición del museo en la escena tanto cultural del país como institucional, incluso dentro de la constelación Guggenheim. Toda una serie de cuestiones fundamentales, que en este año he tenido tiempo y mucha ayuda de todo el equipo que me rodea para interiorizar, para comprender y para hacer el diagnóstico que he necesitado para mirar hacia el futuro.
La pilló en un momento profesional muy interesante para usted a nivel profesional, cuando estaba al frente del museo de la Moda en París. ¿Fue una difícil elección?
Como todas, las decisiones son difíciles, hay que valorar los pros y los contras desde un punto de vista profesional y personal y obviamente está claro que en la balanza ganó emprender un nuevo camino en casa y al frente de esta institución, lo que supone, como dije cuando me incorporé, un honor y una gran responsabilidad. Una decisión con sus retos, pero una decisión muy bien tomada.
Ha heredado una institución sólida, el pasado año el museo tuvo más de 1.300.000 visitas, ha alcanzado una autofinancian del 78%... ¿Se siente un poco presionada con estas cifras?
No diría que es presión, pero sí un estímulo, una motivación. Lo ideal sería mantener esas cifras tanto de visitantes, como de impacto económico, de autofinanciación, etcétera. Es verdad que hay cuestiones que están fuera de nuestro control. Tenemos una situación internacional muy volátil, preocupante en muchos frentes. Todavía no sabemos si esto va a tener un impacto en el número de visitantes, en el transporte, en el turismo... Aún no hay cambios significativos, pero se pueden producir. Vamos a ir observando y, en cualquier caso, independientemente del contexto actual, tenemos que seguir trabajando para garantizar una programación de calidad, para conectar también con nuestros públicos locales y atraer a un público lo más diverso posible, que es el gran reto de todos los museos del mundo, sobre todo el de las nuevas generaciones. Tenemos también el reto de entender cómo consumen cultura los jóvenes, que es una forma radicalmente diferente a cómo se hacía hace cinco años; está cambiando todo a una velocidad extrema. Tenemos que entender cómo se quieren relacionar con el arte, qué tipo de experiencia quieren tener en un museo. En muchas ocasiones nos acusan de estar en una especie de pedestal; si existe tal pedestal, hay que pensar cómo bajar de él para conectar de una forma más directa con ellos.
Y en cuanto al número de visitantes, ¿el Guggenheim ha tocado ya techo?
Se está trabajando desde hace unos años en la desestacionalización del turismo y en garantizar que haya un flujo sostenido de visitas a lo largo de todo el año y que no se concentren única y exclusivamente en unas épocas. Tengo que decir que en el museo todavía no nos hemos visto en una situación en la que no se pueda garantizar una visita de calidad, pero podría producirse. Estamos trabajando para atraer a un público de forma sostenida a lo largo del año.
Cuando llegó al cargo la programación expositiva ya estaba decidida hasta finales de 2027. ¿Sobre qué criterios está trabajando de ahí en adelante?
No creo en las visiones únicas de genios directores. Es una visión colectiva que se trabaja, en este caso fundamentalmente con el equipo curatorial, pero bueno, efectivamente tengo ya la ocasión de aportar mis propias propuestas y mis sensibilidades específicas, que respondan también a mi perfil y a mi experiencia. No tengo ninguna necesidad de imponer nada porque es una conversación muy fluida la que estamos teniendo internamente. Pronto podremos compartir esta programación. En octubre del 27 el Guggenheim cumplirá 30 años, va a ser un año especial, celebratorio que nos va a permitir festejar no solo estos 30 años de historia del museo y de éxito, sino también lo que ha pasado en nuestro entorno con una escena cultural más fuerte que nunca. A mí me gustaría que fuera también una celebración colectiva.
Ha comentado que quería que la programación fuera más inclusiva. ¿A qué se refiere?
La interdisciplinariedad ya está muy presente, que es una cuestión que a mí me interesa especialmente. Aquí se han hecho exposiciones de diseño, de arquitectura, de moda, etcétera. También vamos a profundizar en la cuestión de género, últimamente, la verdad, es que tenemos que forzarnos a pensar en hombres porque todas las propuestas que tenemos encima de la mesa responden en su mayoría a mujeres artistas. De manera natural tenemos esa sensibilidad y creo que es perfectamente palpable en la programación ya hoy. También queremos apostar por la diversidad geográfica, exponer el arte que se produce en otras latitudes, saliendo un poco de ese ombliguismo occidental del que hemos pecado todos durante tantos años, Y, por supuesto, el arte vasco, obviamente.
Hay quienes opinan que el arte vasco está poco representado en el Guggenheim Bilbao.
Lo más importante es que nosotros encontremos la mejor manera de aportar en este sentido. Vamos a apoyar el arte vasco, a los artistas desde nuestra posición, que no sea necesariamente replicar lo que ya hacen otras instituciones que existen en el país. Y me refiero, por supuesto, a Artium, al Museo de Bellas Artes de Bilbao, Tabakalera... que ya trabajan en este sentido. Creo que lo importante es que encontremos formas complementarias de aportar. Lo hemos dicho muchas veces, casi un tercio de la colección son obras de artistas vascos, yo creo que eso no es baladí. Efectivamente. podríamos hacer más exposiciones y haremos exposiciones dedicadas a artistas vascos, pero creo que además de la programación tenemos que encontrar otras formas de apoyar a los artistas vascos, utilizar nuestra proyección internacional, nuestra posición en una constelación como la del Guggenheim. Estamos ahora en plena reflexión interna en el marco de la elaboración de un nuevo plan estratégico, que presentaremos a final de año.
¿Bilbao sigue ocupando un papel importante en la constelación Guggenheim?
Bilbao sigue siendo una pieza fundamental y eso se manifiesta en la relación excelente que tenemos, en la fluidez de la comunicación, Tampoco puedo avanzar mucho, pero de hecho, estamos trabajando en proyectos que podrían ir más allá de la exposición bianual que está recogida en el acuerdo de gestión. Tenemos otros proyectos entre manos que podríamos desarrollar conjuntamente. El Guggenheim Bilbao goza de una excelente salud y todo anuncia que va a seguir siendo así.
Con la decisión de este año de paralizar el Guggenheim Urdaibai, ¿se abre la puerta a otra ampliación?
Uno de los retos fundamentales que tiene el museo es el del crecimiento. El museo va a cumplir 30 años en 2027 y su éxito hace que haya unas ciertas necesidades o deseos de seguir profundizando en la experiencia que proporcionamos, en el tipo de proyectos que presentamos. También tenemos una posición que mantener en el panorama internacional. En estos momentos estamos en la fase de analizar cuál sería la forma más adecuada para un crecimiento de este proyecto del Guggenheim Bilbao.
¿Estaríamos hablando de otra sede física?
Puede pasar por diferentes formas de actuar en los próximos años: por colaboraciones con distintas entidades que nos rodean, por otro tipo de proyectos que no necesariamente necesiten una sede física más allá de la que ocupamos y por qué no, también por otro emplazamiento. No estoy contestando nada concreto porque precisamente estamos en ese momento de reflexión y creo que lo importante es que definamos el proyecto, qué queremos aportar, qué queremos que crezca de lo que ofrecemos y después decidir cuál es la mejor forma para desarrollarlo. El abanico es muy amplio y en ello estamos. Como dije cuando tomamos la difícil decisión desde la responsabilidad institucional de no seguir adelante con el Guggenheim Urdaibai, no me gustaría que estuviéramos obsesionados con definir los metros cuadrados, sino realmente el proyecto que queremos desarrollar.” Y en ello estamos. Tendremos respuesta más adelante cuando avancemos en el plan estratégico y cuando presentemos las conclusiones de este plan.
¿El museo se ha quedado pequeño en la actualidad?
Para realizar lo que hacemos, es un museo con unas dimensiones absolutamente razonables y perfectas, nosotros no estamos dejando de hacer nada de lo que ya está previsto. Como he dicho, otro tema es que queramos hacer otras cosas que sí requieran otros espacios u otras formas de hacer.
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